Rubén era más noble
que los demás; Benjamín era, en cambio, un joven grande, tosco, pero bondadoso y
dócil de carácter.
José llevaba los
cabellos partidos en tres partes, dos de cada lado y la tercera parte rizada y
a lo largo del cuerpo. Cuando fue virrey de Egipto, lo llevó corto; más tarde, de
nuevo largo. Con la túnica polímita dio Jacob a José también algunos huesos de
Adán, sin que José supiese lo que eran. Jacob se los dio con objeto de protección,
pues sabía que sus hermanos le envidiaban.
José tenía estos huesos
de Adán encerrados en una bolsita de cuero redondeada, que colgaba en su pecho.
Cuando sus hermanos lo vendieron, le despojaron sólo de su túnica de color y de
su acostumbrado vestido; pero José llevaba aún sobre su cuerpo una faja y una
especie de escapulario sobre su pecho, debajo del cual estaba la bolsita de las
reliquias. Esa túnica polímita era blanca con rayas coloradas y tenía sobre el pecho
tres cordones negros con adornos amarillos en el centro. Esta túnica estaba
ceñida más ampliamente arriba para poder llevar objetos dentro; abajo era más angosta
y a los lados tenía aberturas para poder caminar con soltura. Le llegaba muy
abajo; por detrás era algo más pendiente y por delante estaba abierta. En cambio,
su vestido ordinario le llegaba sólo más debajo de las rodillas.
José era ya conocido
del Faraón y su mujer cuando éste cumplía tan bien sus oficios con el Faraón, cuando
estaba José en su casa, que Faraón deseó mucho ver a este siervo. La mujer del
Faraón estaba ansiosa de conseguir salud y ayuda de los dioses, y era muy apegada
a los ídolos, y aun deseaba conocer nuevas divinidades. Así se maravillaba mucho
de la sabiduría, viveza y nobleza del joven extranjero, de tal modo que en su interior
lo tenía por un dios y decía al Faraón: “Este hombre ha sido mandado por los dioses:
no es un hombre como los demás”. Lo pusieron en la parte más decente de los encarcelados
y llegó a ser superintendente de los demás presos. La mujer del Faraón lloraba y
se lamentaba mucho de que hubiese sido puesto en la cárcel como un malvado y creía
que se había equivocado en su concepto anterior. Cuando fue sacado de la cárcel
y llegó a la corte, le fue siempre muy adicta. La copa que más tarde mandó poner
en la bolsa de Benjamín, fue el primer regalo de la mujer del Faraón. Conozco
bien esta copa: tiene dos asas y no tiene pie. Estaba formada de una piedra
preciosa o de una materia transparente, que me es desconocida, y tenía forma muy
semejante a la parte superior del cáliz de la última Cena. Se halló entre los
recipientes que los hijos de Israel llevaron de Egipto y más tarde fue guardada
en el Arca de la Alianza. José estuvo siete años en la cárcel, y estando allí mismo
en la más grande aflicción, recibió el misterioso germen de Jacob, como los patriarcas
lo habían recibido y tuvo allí una visión de su numerosa descendencia.
Conozco bien
a la mujer de Putifar, y sé cómo lo quiso seducir. Después de la elevación de José,
hizo penitencia de su falta y vivió castamente. Era una mujer de elevada estatura,
fuerte, de color amarillo oscuro, como seda brillante. Llevaba un vestido de colores
y encima otro adamado de finas figuras, debajo del cual el vestido interior sobresalía
con puntillas. José trataba mucho con ella porque Putifar le había entregado el
gobierno de todas las cosas. Cuando José notó que ella le trataba con demasiada
confianza no quiso más dormir en la casa de su patrón si él no estaba presente.
Ella le visitaba con frecuencia cuando trabajaba o escribía. La he visto una
vez presentarse muy desvestida mientras estaba José en un ángulo de la sala,
escribiendo y anotando. Escribían entonces en rollos que apoyaban sobre tablas sobresalientes
de las paredes, delante de las cuales podían estar de pie o sentados. Ella le habló
y José contestó; pero ella estaba muy atrevida esa vez. Entonces se dio vuelta José
y se marchó de allí. Ella se aferró de su manto y él lo dejó abandonado.
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