martes, 13 de enero de 2015

VIII Adán y Eva son arrojados del Paraíso terrenal.



He visto a Adán y a Eva errando de un lado a otro, llenos de tristeza y desconsuelo. Sus rostros estaban oscuros, y caminaban separados, como quienes buscaran algo perdido. Se avergonzaba el uno del otro. A cada paso que daban descendían más abajo; parecía que se escurría el suelo bajo sus pies. Donde ponían el pie se agostaban las plantas y perdían su resplandor, se tornaban grises; y los animales huían de ellos espantados. Buscaron y tomaron unas grandes hojas y se hicieron fajas alrededor de las caderas, y seguían caminando distanciados uno de otro. Cuando hubieron andado largo tiempo en esta forma, se había alejado ya el lugar de donde habían salido, y parecía una distante elevación o montaña. Adán y Eva buscaron un refugio, por separado, entre las matas de un oscuro valle.

Entonces los llamó una voz que venía de lo alto. Ellos, empero, no comparecieron. Se asustaron más, huyeron más lejos y se escondieron en la espesura. Esto me causaba mucha pena. La voz se hizo más severa. Ellos se hubieran escondido aún más; pero se vieron obligados a mostrarse. Un rostro severo y esplendoroso apareció. Ellos se presentaron con la cabeza inclinada y no se atrevían a mirar el rostro de Dios. Se miraban uno a otro y se culpaban mutuamente de su desobediencia. Entonces Dios les señaló un lugar aún más abajo, donde había arbustos y árboles, y recién aquí se hicieron más humildes y reconocieron de lleno toda su miseria y su pecado. Cuando estuvieron solos los vi rezando. Se separaron y se echaron de rodillas en el suelo, levantaron las manos al cielo, clamaron y lloraron. Al ver esto pensé cuánto ayuda y cuán saludable es apartarse en la soledad para entregarse a la oración. Tenían ahora una vestidura que les cubría el cuerpo desde los hombros hasta las rodillas. En torno del cuerpo tenían una faja de cortezas.

Mientras ellos huían, parecíame que el Paraíso terrenal, detrás de ellos, se alejaba y subía a lo alto, como una nube. En esto vino del cielo como un anillo de fuego, tal como un halo en torno del sol o de la luna, y se posó en lo alto donde había estado el Paraíso. Habían estado solo un día en el Paraíso. Aún ahora veo el Paraíso terrenal, a lo lejos, como un banco debajo del sol cuando éste se levanta. El sol, al parecer, se levanta a la derecha, al extremo de este banco. Está situado al oriente del Monte de los Profetas, allí donde el sol se levanta y se me aparece siempre como un huevo flotando entre unas aguas admirablemente claras y limpias, que lo separan de la tierra. El Monte de los Profetas parece una montaña colocada delante del Paraíso. En el Monte de los Profetas se ven lugares verdes, y entre ellos profundos barrancos llenos de agua. He visto entes subir al Monte de los Profetas, pero no llegaron muy alto.

Después vi a Adán y a Eva llegar a la tierra de penitencia. Era un cuadro conmovedor ver a nuestros primeros padres penitentes, echados en el desnudo suelo. Adán pudo sacar un ramo de olivo del Paraíso, que plantó ahí mismo. Más tarde se sacó leña de este árbol para la cruz del Salvador. Nuestros padres estaban sumamente tristes. Desde el sitio donde yo los veía ellos apenas podían divisar el Paraíso. Ellos se habían ido alejando siempre, avanzando hacia abajo, y parecía también que algo se invertía; y así llegaron de noche, en la oscuridad, hasta el lugar donde debían hacer penitencia.

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