sábado, 10 de enero de 2015

XXIV Historia de Semíramis.



La madre de Semíramis había nacido en la región de Nínive. En lo exterior parecía esta niña tímida y recatada, pero a escondidas era disoluta y desenfrenada. El padre era un hombre de la Siria, envuelto en la mayor corrupción del culto de los ídolos; fue muerto después del nacimiento de Semíramis. Todo esto tenía relación con las visiones diabólicas y adivinaciones que se ejercían entonces. Semíramis nació lejos de la Caldea, en Acalón de la Palestina, y fue criada por los sacerdotes en la soledad, bajo el cuidado de unos pastores del lugar. Semíramis solía estar, cuando niña, en las montañas solitarias. A veces veía a los sacerdotes de los ídolos con ella o con su madre, que se detenía en sus correrías o cacerías contra las fieras.

He visto al diablo, en forma de niño, jugando con ella, de la manera que he visto más tarde al niño Juan, en el desierto, jugando con los ángeles y ayudado por ellos. He visto también que pájaros, de alas variopintas, volaban en torno de la niña y le traían juguetes curiosos. No recuerdo ya, ni puedo expresar cuántas cosas se hacían con ella: era la más repugnante idolatría y corrupción. Ella era de hermosa presencia, llena de ciencia diabólica y todo le salía al sabor de sus deseos. Semíramis fue entregada primero, siempre por razón de manejos ocultos, como esposa a un personaje guardador de ganados del rey de Babilonia; más tarde llegó a ser esposa del rey mismo. Este rey había sojuzgado a un pueblo lejano del Norte y una parte lo había llevado como esclavo a su comarca. Este pueblo fue cruelmente tratado por la reina Semíramis, cuando quedó sola en el reino, y obligado a trabajar en las grandes obras de edificación. Semíramis fue tenida por una diosa por su pueblo.

He visto a la madre de Semíramis dirigiendo grandes cacerías contra temibles fieras y llevando un pequeño ejército de hombres sobre camellos, asnos rayados y caballos. La he visto, en una ocasión, llevando sus correrías a Arabia, en dirección al Mar Rojo, donde vivía Job. Estas mujeres cazadoras eran sumamente ágiles y cabalgaban como los hombres. Estaban vestidas hasta las rodillas y tenían correas sujetas en torno de las piernas. Llevaban sandalias que tenían un resalto con figuras grabadas en diversos colores. Los sacos cortos que usaban estaban adornados con plumas finas y variopintas de diversas formas. Los pechos y los brazos los cruzaban correas adornadas de plumas, y sobre los hombros llevaban una especie de collar de plumas entretejidas con piedras preciosas o perlas. Cubrían la cabeza con gorra de seda roja o de algodón, y delante de la cara llevaban un velo dividido en dos mitades con el cual se defendían del viento o del polvo. Detrás flotaba al viento un pequeño manto. Las armas eran venablos, arcos y hachas; a los costados llevaban el escudo.

Por este tiempo las fieras se habían multiplicado en gran manera. Los cazadores las rodeaban desde grandes extensiones y las obligaban a reunirse en un sitio propicio, donde les era más fácil exterminarlas. Cavaban fosos y hacían trampas para cazarlas, y allí las ultimaban con lanzas y palos. He visto a la madre de Semíramis cazando al animal que Job describe con el nombre de Behemoth. Cazaban tigres, leones y otros animales semejantes. En estos primeros tiempos no he visto monos. También cazaban en las aguas, donde ejercían, por medio de ella, varias supersticiones y artes diabólicas. La madre de Semíramis no era, exteriormente por lo menos, tan depravada como su hija. Con todo, te nía un aspecto demoníaco y era de fuerza y osadía terribles. Fue algo espantoso verla como luchaba contra un terrible hipopótamo del Nilo hasta arrojarse en el agua en su persecución. Cabalgaba sobre un dromedario y persiguiendo su presa, cayó en las aguas. Fue después venerada como diosa de la caza y tenida por bienhechora de los pueblos 8.

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