La
madre de Semíramis había nacido en la región de Nínive. En lo exterior parecía
esta niña tímida y recatada, pero a escondidas era disoluta y desenfrenada. El
padre era un hombre de la Siria, envuelto en la mayor corrupción del culto de
los ídolos; fue muerto después del nacimiento de Semíramis. Todo esto tenía
relación con las visiones diabólicas y adivinaciones que se ejercían entonces.
Semíramis nació lejos de la Caldea, en Acalón de la Palestina, y fue criada por
los sacerdotes en la soledad, bajo el cuidado de unos pastores del lugar.
Semíramis solía estar, cuando niña, en las montañas solitarias. A veces veía a
los sacerdotes de los ídolos con ella o con su madre, que se detenía en sus
correrías o cacerías contra las fieras.
He
visto al diablo, en forma de niño, jugando con ella, de la manera que he visto
más tarde al niño Juan, en el desierto, jugando con los ángeles y ayudado por
ellos. He visto también que pájaros, de alas variopintas, volaban en torno de
la niña y le traían juguetes curiosos. No recuerdo ya, ni puedo expresar
cuántas cosas se hacían con ella: era la más repugnante idolatría y corrupción.
Ella era de hermosa presencia, llena de ciencia diabólica y todo le salía al
sabor de sus deseos. Semíramis fue entregada primero, siempre por razón de
manejos ocultos, como esposa a un personaje guardador de ganados del rey de
Babilonia; más tarde llegó a ser esposa del rey mismo. Este rey había sojuzgado
a un pueblo lejano del Norte y una parte lo había llevado como esclavo a su
comarca. Este pueblo fue cruelmente tratado por la reina Semíramis, cuando
quedó sola en el reino, y obligado a trabajar en las grandes obras de
edificación. Semíramis fue tenida por una diosa por su pueblo.
He
visto a la madre de Semíramis dirigiendo grandes cacerías contra temibles
fieras y llevando un pequeño ejército de hombres sobre camellos, asnos rayados
y caballos. La he visto, en una ocasión, llevando sus correrías a Arabia, en
dirección al Mar Rojo, donde vivía Job. Estas mujeres cazadoras eran sumamente
ágiles y cabalgaban como los hombres. Estaban vestidas hasta las rodillas y
tenían correas sujetas en torno de las piernas. Llevaban sandalias que tenían
un resalto con figuras grabadas en diversos colores. Los sacos cortos que
usaban estaban adornados con plumas finas y variopintas de diversas formas. Los
pechos y los brazos los cruzaban correas adornadas de plumas, y sobre los
hombros llevaban una especie de collar de plumas entretejidas con piedras
preciosas o perlas. Cubrían la cabeza con gorra de seda roja o de algodón, y
delante de la cara llevaban un velo dividido en dos mitades con el cual se
defendían del viento o del polvo. Detrás flotaba al viento un pequeño manto.
Las armas eran venablos, arcos y hachas; a los costados llevaban el escudo.
Por
este tiempo las fieras se habían multiplicado en gran manera. Los cazadores las
rodeaban desde grandes extensiones y las obligaban a reunirse en un sitio
propicio, donde les era más fácil exterminarlas. Cavaban fosos y hacían trampas
para cazarlas, y allí las ultimaban con lanzas y palos. He visto a la madre de
Semíramis cazando al animal que Job describe con el nombre de Behemoth. Cazaban
tigres, leones y otros animales semejantes. En estos primeros tiempos no he
visto monos. También cazaban en las aguas, donde ejercían, por medio de ella,
varias supersticiones y artes diabólicas. La madre de Semíramis no era,
exteriormente por lo menos, tan depravada como su hija. Con todo, te nía un
aspecto demoníaco y era de fuerza y osadía terribles. Fue algo espantoso verla
como luchaba contra un terrible hipopótamo del Nilo hasta arrojarse en el agua
en su persecución. Cabalgaba sobre un dromedario y persiguiendo su presa, cayó
en las aguas. Fue después venerada como diosa de la caza y tenida por
bienhechora de los pueblos 8.
No hay comentarios:
Publicar un comentario