A
Melquisedec lo he visto varias veces con Abraham. Llegaba de la manera que
otros ángeles solían visitar a Abraham. Una vez le ordenó un sacrificio triple
de palomas y otras aves y le predijo lo que había de suceder a Sodoma y a Lot.
Le anunció que volvería para ofrecer un sacrificio de pan y de vino. Le indicó
también lo que debía pedir a Dios. Abraham se mostraba lleno de respeto delante
de Melquisedec y ansioso de ver el sacrificio que se le había anunciado.
Levantó un altar muy hermoso y lo rodeó de una techumbre de hojas.
Cuando
Melquisedec volvía para celebrar el sacrificio de pan y de vino, hízose
anunciar a Abraham por un mensajero, como rey de Salén. Abraham le salió al
encuentro, se hincó delante y recibió su bendición. Esto sucedió en el valle
meridional de una llanura que se extiende hacia Gaza. Melquisedec venía del
lado donde fue más tarde Jerusalén. Venía en un animal muy veloz, de cuello
corto y ancho, que estaba muy cargado. De un lado traía un recipiente con vino,
algo achatado en la parte que tocaba a la bestia; del otro, un recipiente con
panes ovalados, planos, apilados unos sobre otros, y el cáliz que he visto más
tarde en la institución del Sacramento del altar, junto con los vasos pequeños
en forma de barrilitos. Estos vasitos no eran de oro ni de plata sino de una
materia transparente como piedras preciosas, de color oscuro. Me parecían más
bien nacidos y crecidos, que hechos a mano.
Melquisedec
me parecía ahora como el Señor durante su vida pública. Era esbelto y alto de
estatura, de rostro severo y bondadoso. Llevaba un vestido largo, tan blanco y
cándido que me recordó la vestidura resplandeciente con que apareció Jesús en
el Tabor. El vestido blanco de Abraham parecía gris en comparación con el de
Melquisedec. Llevaba un cinturón con letras, como he visto más tarde a los
sacerdotes judíos, y como ellos, también, una especie de mitra en la cabeza
cuando ofrecía el sacrificio. Sus cabellos eran de amarillo resplandeciente,
lúcidos como seda; su rostro, luminoso.
El
rey de Sodoma estaba presente cuando se acercó Melquisedec a la tienda de
Abraham. En derredor había mucha gente con cabalgaduras, sacos, cajones y
diversas cargas. Todos permanecían silenciosos, en actitud respetuosa y
solemne, llenos de veneración hacia Melquisedec, cuya presencia infundía temor.
Este se acercó al altar, sobre el cual había una especie de tabernáculo, creo
que para el sacrificio. Abraham, como acostumbraba hacerlo, había puesto sobre
el altar huesos de Adán, que antes había tenido Noé consigo en el arca pedían
con ellos a Dios quisiera cumplir la promesa del Mesías, que antes había hecho
a Adán. Melquisedec puso sobre el altar un mantel colorado que había traído
consigo y luego otro de blancura transparente. Las ceremonias me recordaron el
rito de la Santa Misa. Lo he visto alzar en sus manos el pan y el vino,
ofrecer, bendecir y repartir el pan. Le dio a Abraham el cáliz, que se usó más
tarde en la última Cena, para beber de él; los otros bebieron en los vasitos,
que fueron distribuidos por Abraham y por los principales del pueblo. Lo mismo
se hizo con los panes. Cada uno recibía un bocado bastante grande, como se
acostumbraba en los primeros tiempos de la Iglesia, durante la comunión. He
visto que esos bocados resplandecían; estaban solo bendecidos, no consagrados.
Los ángeles no pueden consagrar.
Todos
estaban conmovidos y elevados hacia Dios. Melquisedec dio a Abraham pan y vino
para gustar: este pan era más delicado y luminoso que los otros. Recibió en
esta ocasión gran fortaleza y una tan robusta fe que no dudó más tarde en
ofrecer a su propio hijo, el hijo de la esperanza, por mandato de Dios.
Profetizó y dijo estas palabras: "Esto no es lo que Moisés dio a los
Levitas en el Sinaí". No puedo asegurar si Abraham mismo ofreció luego el
sacrificio de pan y vino; pero puedo asegurar que el cáliz del cual él bebió es
el mismo que usó Jesucristo más tarde cuando instituyó el Santísimo Sacramento
del altar. Al tiempo que Melquisedec bendijo a Abraham, durante el sacrificio
de pan y vino, lo consagró sacerdote. Pronunció sobre él estas palabras:
"Y dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha. Tú eres sacerdote eterno,
según el orden de Melquisedec. El Señor lo ha jurado y no se arrepentirá de
ello".
Le
impuso las manos, y Abraham le dio los diezmos. He entendido el significado del
diezmo de Abraham después de su consagración; pero se ha borrado de mi memoria.
He visto también que David, al escribir esas palabras, tuvo una visión de la
consagración de Abraham por Melquisedec y que pronunció las últimas palabras
proféticamente. Las palabras "Siéntate a mi diestra", tienen una
especial significación.
Cuando
veo en forma de figura la eterna generación del Verbo en el seno del Padre, se
me muestra al Hijo saliendo de la derecha del Padre en forma luminosa, rodeada
de un triángulo, corno se representa el ojo de Dios; en la parte superior se ve
al Espíritu Santo. Todo esto es inexplicable para mí. Asimismo he visto a Eva
salir del costado derecho de Adán. Los patriarcas tenían la bendición en la
parte derecha, y colocaban a sus hijos, cuando les daban la bendición, a su
derecha. Jesús recibió la lanzada en el costado derecho. La Iglesia nace del
costado derecho de Jesús. Para entrar en la Iglesia, lo hacemos por el lado
derecho del costado de Jesús y así estamos unidos por medio de Él con su Eterno
Padre.
Creo
que con el sacrificio de Melquisedec y la bendición de Abraham, terminó su
misión sobre la tierra. Después de esto no he vuelto a verlo. Melquisedec dejó
a Abraham el cáliz con los seis vasitos que usó en el sacrificio.
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