La
configuración de la tierra antes del diluvio era muy diferente de lo que es
ahora. Por ejemplo, la Tierra Santa no estaba tan llena de cuevas, hendiduras y
valles como al presente. Las llanuras eran mucho más extensas y las montañas
con laderas muy suaves y fáciles de subir. El Huerto de los Olivos era sólo una
pequeña altura. La gruta de Belén estaba ya, como cueva natural, pero los
alrededores eran muy diferentes de lo que son ahora.
Los
hombres eran de mayor altura que ahora, pero nada deformes. Los veríamos ahora
con admiración, sin miedo o desagrado. Eran más perfectos en su contextura
corporal. Entre algunas estatuas de mármol que veo en abundancia yacer en
lugares subterráneos, encuentro esos ejemplares.
Caín
llevó a sus hijos y a los hijos de sus hijos hacia la región que se le había
destinado y desde allí volvieron a dividirse y a separarse en otras regiones.
Sobre Caín no he visto luego nada reprensible; su castigo consistía en que
debía fatigarse mucho y nada le salía bien. Lo he visto poco estimado de sus
mismos hijos y de los hijos de sus hijos; a veces despreciado, nunca bien
tratado. No obstante esto, le obedecían como a jefe y conductor, pero como a
uno maldecido por Dios. He sabido que Caín no está condenado; sólo fue
severamente castigado. 5
Uno
de los descendientes de Caín fue Tubalcaín; de éste proceden varias industrias
y también de él proceden los gigantes. He visto muchas veces que en la caída de
los ángeles, cierto número de ellos tuvo un momento de arrepentimiento, o de
duda, y que no cayeron tan profundamente como los demás. Estos ángeles
recibieron morada en una montaña solitaria, alta e inaccesible, que en el
diluvio universal quedó deshecha y se convirtió en un mar de aguas, creo el Mar
Muerto. Estos ángeles tenían facultad de obrar sobre los hombres, en cuanto
éstos se apartaban de Dios. Después del diluvio desaparecieron de ese lugar y
fueron dispersados por el ámbito de los aires. Recién en el juicio final serán
arrojados al infierno. He visto a los descendientes de Caín volverse cada vez
más impíos y sensuales. Se dirigieron siempre más a esos lugares, y los ángeles
caídos se posesionaron de muchas de esas malas mujeres y las dirigían,
enseñándoles toda suerte de industrias y seducciones. Los hijos de estas
mezclas eran de grande estatura; estaban llenos de toda clase de mañas y
artificios y se hicieron instrumentos de los espíritus y ángeles caídos. De
este modo se formó en esa montaña y a su alrededor una raza de gente que por la
fuerza y la seducción trató de pervertir a los descendientes del justo Set. Fue
entonces cuando Dios anunció a Noé el diluvio, y el patriarca tuvo mucho que
sufrir por causa de este pueblo impío y perverso.
He
visto muchas cosas de este pueblo de gigantes. Con suma facilidad llevaban
enormes piedras a las altas montañas; se volvían más atrevidos, y hacían obras
enteramente maravillosas. Los he visto subir derecho por los troncos de los
árboles y por las paredes de los edificios, tal como hacen hoy los poseídos por
el demonio. Lo podían todo, aún las cosas que parecían más extraordinarias;
pero lo más eran fantasmagorías y artificios que hacían por arte diabólica. Por
esto he concebido gran aversión a todos los juegos de magia, de prestigio y de
adivinación. Hacían toda clase de figuras y trabajos de metal y de piedra. De
la ciencia de Dios no tenían y rastro alguno y se hacían toda clase de ídolos
para adorarlos. He visto que de pronto hacían de una piedra cualquiera una
imagen perfecta, y la adoraban, o algún animal espantoso u otro objeto de
abyección. Lo sabían todo; lo veían todo; preparaban venenos; ejercían la
magia, y se entregaban a toda clase de pecados.
Las
mujeres inventaron la música. Las he visto ir de un lado a otro para seducir a
las mejores razas y llevarlas a los desórdenes que ellas practicaban. No
edificaban casas como las nuestras, sino que hacían torres redondas, muy
gruesas, de piedras relucientes, en cuyas bases se apoyaban pequeñas viviendas,
que llevaban a extensas cuevas, donde se entregaban a sus horrendos desórdenes
y pecados. Sobre los techos de estos edificios se podía caminar en derredor.
Subían a las torres y miraban a través de ciertos telescopios a muy grande
distancia; pero no por la perfección de estos instrumentos, sino por arte
satánica. Veían donde había otros pueblos y ciudades; iban allá, y los vencían,
e introducían sus costumbres de libertinaje: en todas partes introducían esta
falsa libertad. Los he visto ofrecer sacrificios de niños, a los cuales
enterraban vivos. Dios hundió esta montaña con sus moradores profundamente en
el diluvio universal.
Henoc,
antepasado de Noé, predicaba contra este pueblo perverso. También ha escrito
mucho; era un hombre sumamente bueno y muy agradecido a Dios. En muchos lugares
de los campos alzaba altares de piedra, y donde el suelo producían frutos,
ofrecía sacrificios a Dios, y agradecía los beneficios recibidos. Así conservó
la religión en la familia de Noé. Fue trasladado al Paraíso terrenal y descansó
junto a la portada de salida, y con él, otro más (Elías). De ese lugar del
Paraíso ha de volver a la tierra antes del juicio final.
Los
hijos de Cam y sus descendientes también tuvieron, después del diluvio,
relaciones con espíritus malignos; y por eso hubo entre ellos tantos poseídos,
tantos entregados a la magia, y poderosos según el mundo, e igualmente hombres
grandes, audaces y desenfrenados. Semíramis provenía de la unión de estos
influenciados por los espíritus malignos. Ella lo podía todo; sólo ignoraba el
arte de salvarse eternamente. De estos gigantes salieron también hombres
potentes, tenidos más tarde por dioses en los pueblos paganos. Las primeras
mujeres que se dejaron poseer por estos demonios sabían lo que hacían; las
demás no lo sabían, pero lo tenían ya metido en la carne y la sangre como otra
culpa de origen.
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