martes, 13 de enero de 2015

IX La familia de Adán.



Era el lugar donde estuvo después el Huerto de los Olivos donde he visto a Adán y a Eva llegar y detenerse. La configuración del terreno era entonces distinta; pero se me ha mostrado que era el mismo sitio. Los he visto vivir y hacer penitencia en el lugar donde Jesús sudó sangre. Ellos trabajaron esta tierra. Los he visto rodeados de hijos y en grande tristeza clamar a Dios que les diese hijas. Tenían la promesa de que la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente.

Eva le daba hijos a Adán, en determinados tiempos; pero siempre había unos años de penitencia entre estos períodos. Así nació Set, el niño de la promesa, después de siete años de penitencia; nació precisamente en la gruta de lo que fue Belén más tarde. Un ángel le dijo a Eva que se le daba a Set por el inocente Abel. Set estuvo bastante tiempo oculto en esa gruta y en otra gruta cercana, llamada gruta de la lactancia de Abraham, porque sus hermanos le perseguían de muerte, como los hermanos envidiaban y persiguieron a José.

Una vez he visto en torno de Adán once personas: eran Eva, Caín, Abel, dos hermanas y otros niños pequeños. Todos estaban vestidos con pieles, que les caían como escapularios ceñidos a la cintura. Estas pieles eran más anchas delante del pecho y servían como bolsillos. Alrededor de las piernas estaban más abiertas y cerradas con ataduras a los lados. Los hombres llevaban pieles y vestidos más cortos, y un bolsón para guardar sus enseres. Sobre los hombros, hasta la mitad del antebrazo, eran estas pieles blancas y finas, y en las mujeres sujetas también bajo el brazo. El aspecto de estas personas así vestidas era muy hermoso y noble. He visto sus chozas que estaban algún tanto metidas en el suelo, cubiertas con ramas y plantas como techo. Noté que tenían una perfecta organización doméstica. He visto praderas cubiertas con árboles frutales de pequeño talle, pero de robusto tronco. También vi allí trigo y diversos cereales que Dios había dado a Adán para sembrar. No recuerdo haber visto en el Paraíso terrenal trigo ni vides. Allí no había ninguna fruta que necesitara ser preparada para comerla. La preparación de la comida es una pena del pecado y un símbolo del dolor. Dios dio a Adán todo lo que debía sembrar. Recuerdo a este propósito haber visto en tiempos de Noé a algunos hombres, como ángeles, que daban a este patriarca algo cuando entraba en el arca; me pareció que era un gajo de vid metido en una manzana.

Por este tiempo ya crecía una especie de trigo silvestre, y Adán tenía que separar el buen trigo de este cereal agreste. Esto mejoraba el silvestre, pero con el andar del tiempo este cereal fue desmejorando hasta volverse malo. Este cereal agreste crecía en los primeros tiempos bastante bien y mejorado, especialmente hacia la región del oriente, como en la India y en la China, cuando había aún muy pocos hombres en el mundo. En regiones donde abunda la vid y hay aguas con peces, no prospera este cereal. He visto que tomaban leche de algunos animales y hacían quesos que secaban a los rayos del sol. Entre los animales he visto ovejas. Todos los animales que Adán había nombrado en el Paraíso le siguieron después a la tierra; pero huían de él, y Adán tenía que atraerlos y domesticarlos dándole alimentos. He visto revolotear muchos pájaros, pequeños animalitos y cabritos saltadores.

Reinaba allí un orden doméstico patriarcal. He visto a los hijos de Adán comiendo en una choza aparte. Los alimentos estaban colocados sobre una gran piedra que servía de mesa. Los he visto rezar y dar gracias por el alimento. Dios había enseñado a Adán a ofrecer sacrificios, y Adán era sacerdote en su familia. Caín y Abel lo eran también en sus familias. Los preparativos se hacían en chozas separadas. Tenían la cabeza cubierta con una caperuza en forma de nave, tejida de juncos y hojas, con una parte saliente delante para aferrarla con facilidad. El aspecto y el color de sus rostros era algo hermosamente amarillento, brillante, como seda, y tenían cabellera rubia color de oro. Adán llevaba la cabellera larga. Al principio lo vi con barba corta, y más tarde con barba larga. A Eva la he visto al principio con los cabellos sueltos y largos; más tarde los tenía recogidos en trenzas, sobre la cabeza, como una cofia. El fuego que usaban lo veía como brasas, que conservaban ocultas en hoyos en la tierra. Lo recibieron del cielo por primera vez. Dios les enseñó el uso del fuego. Era una materia amarilla, como tierra o greda, que usaban como carbón para quemar. No los he visto cocinar; en cambio los veía al principio exponer al sol y tostar. También los he visto exponer al rayo del sol granos de trigo triturados, colocados en pequeñas cavidades hechas en el suelo, tapadas con cobertores hechos de ramas entretejidas. Los cereales que Dios les dio fueron trigo, centeno y cebada. Dios los instruyó en su cultivo, como también los guiaba en otros trabajos y necesidades primeras.

No he visto por entonces grandes ríos, como el Jordán; pero brotaban fuentes que ellos dividían en canales o apresaban en lagunas. Antes de la muerte de Abel no habían comido carne.

Sobre el monte Calvario tuve una vez la visión de cómo un profeta, el compañero de Elías, se metió en unas cuevas que entonces había debajo de ese monte, amuralladas, que servían de sepulcros. Allí tomó un sarcófago de piedra que contenía huesos de la calavera de Adán. Aparecióle entonces un ángel, que le dijo: "Esta es la calavera de Adán". Y le prohibió sacar esos huesos de allí. Había aún sobre esa calavera cabellos delgados y rubios en partes. He sabido que por la narración de este profeta se dio a ese lugar el nombre de la Calavera. Justamente sobre el lugar de esa calavera vino a dar la cruz de Jesucristo con sus sagrados pies. He sabido en visión que ese lugar es el punto medio del mundo. Se me mostró esto con números, calculando hacia el Oriente, el Sur y el Occidente. Pero he olvidado estas cifras.

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