viernes, 9 de enero de 2015

XXXIII Historia de Jacob


Rebeca sabía que Esaú no tenía rayo ninguno del misterio de Dios. Esaú era torpe, grosero y holgazán. Jacob, por el contrario, era muy vivo, prudente, y se asemejaba a la madre. Isaac se inclinaba más hacia Esaú por ser el primogénito. Este salía a menudo de caza. Rebeca iba meditando cómo podía hacer recaer en Jacob el derecho de la primogenitura y la bendición paterna. La compra de este derecho se lo había sugerido Rebeca a Jacob. La comida consistió en una legumbre con carne y hojas verdes, como lechuga. Esaú venía rendido; Jacob le arrancó con sus artes la entrega de la primogenitura. Isaac era ya anciano, estaba ciego, y temiendo morirse quiso dar su bendición a Esaú. Rebeca sabía que Jacob debía tenerla y no quiso persuadir a Isaac: estaba muy conturbada e inquieta.

Como Isaac no quería diferir el cumplimiento de su deseo, y llamase a Esaú, que estaba cerca, se tuvo que ocultar Jacob, para que no lo viera Esaú. Rebeca mandó a Jacob que fuera a buscar un cabrito de la majada, porque Isaac había pedido a Esaú que le trajese algo de su caza. Apenas hubo salido Esaú, ya estaba la comida de Rebeca pronta. Los buenos vestidos de Esaú, que Rebeca puso a Jacob, consistían en una chaqueta, como él solía llevar, pero más tiesa y bordada en el pecho. Esaú tenía los brazos y el pecho muy velludos, como una piel; por eso Rebeca le acomodó pieles sobre los brazos y el pecho, en la parte de la abertura. Sólo en los bordados y adornos era esta chaqueta diferente de las demás; en los lados estaba abierta y tenía una abertura bordada de pieles delicadas, de color oscuro, por donde se ponía al cuello. A los lados se anudaba con cintas de cuero. La faja de la cintura servía también de bolsillo. La chaqueta no tenía mangas. El pecho estaba libre. Lo que cubría la cabeza, como asimismo la especie de mandil, eran de color rojo oscuro.

He visto como Isaac tanteaba a Jacob en los brazos y el pecho, donde era tan velludo Esaú, y cómo vacilaba y se mostraba pesaroso e indeciso. Pero llegado el momento, como era voluntad de Dios, terminó por creer que era Esaú y dio a Jacob la bendición, que él había recibido de Abraham, y éste del ángel.
He visto, sin embargo, que antes había preparado con Rebeca algo misterioso que pertenecía a esta bendición; era una bebida contenida en un vaso. Los hijos nada sabían de esto: sólo aquél que tenía la bendición recibía el misterio, el cual, con todo, permanecía misterioso para él, como para nosotros el santo Sacramento. Este recipiente era de un lado más chato que de otro; era transparente y luminoso como madreperla; estaba lleno de un líquido rojizo, y tuve la impresión de que fuera sangre, como sangre del mismo Isaac. Rebeca intervino en la preparación. Cuando Isaac bendijo a Jacob, éste estaba sólo con su padre. Tuvo que descubrirse el pecho delante de su padre. El padre llevó su mano, bendiciendo, desde la frente, en línea recta, hacia abajo; luego, desde el hombro derecho hasta abajo, y lo mismo desde el hombro izquierdo. Puso la mano derecha sobre la cabeza de Jacob y la izquierda bajo el corazón. En esto tuvo que beber Jacob del líquido; luego siguió una ceremonia, como si Isaac le diera todo, potestad y fuerza, pues pareció que sacaba con ambas manos algo de su cuerpo y lo ponía en el de Jacob. Tuve la persuasión de que era toda su fuerza la bendición. En todos estos actos Isaac recitaba oraciones en alta voz. Isaac estaba incorporado en el lecho al dar la bendición, lleno de entusiasmo, y salía como un resplandor de él.

Cuando trazaba las líneas de la bendición tenía las manos algo levantadas, como el sacerdote cuando dice “Dominus vobiscum”. Cuando Isaac rezaba Jacob tenía las manos cruzadas sobre el pecho. Cuando Isaac le dio la bendición, la recibió Jacob cruzando las manos sobre el pecho como quien abraza algo sensible. Por último, Isaac puso sus manos sobre la cabeza y en la región del estómago. El vasito del cual bebió Jacob, le fue también entregado. Cuando terminó el acto de la bendición, he visto a Isaac completamente exhausto por el esfuerzo o por la real entrega de algo que él perdía al dárselo a Jacob. En cambio, he visto a Jacob lleno de fuerza, rozagante, pleno de vida y animación. En este modo volvía Esaú de su caza. Cuando Isaac se enteró del cambio de persona, en cuanto a la bendición, no se irritó; conoció que era la voluntad de Dios. Esaú, en cambio, estaba rabioso; y se arrancaba los cabellos; pero me pareció que no era tanto por la pérdida de la bendición, como por envidia contra Jacob. Ambos hermanos eran ya hombres cuando recibió Jacob la bendición. Esaú tenía entonces dos mujeres, cosa que disgustaba grandemente a sus padres. Ambos tenían más de cuarenta años de edad.

Cuando Rebeca vio la ira de Esaú, envió secretamente a Jacob a casa de su hermano Labán. Lo he visto partir. Vestía chaqueta hasta la cintura y túnica hasta las rodillas, sandalias en los pies y lienzos en la cabeza. Llevaba un bastón de viajero y un saco con panes colgado de los hombros; del otro lado, una botella con bebida. Era todo lo que llevaba consigo. Así lo he visto partir del lado de su madre, deshecha en lágrimas. Isaac lo bendijo también y le dijo que partiera y tomase mujer allí mismo. Los padres sufrieron mucho por causa de Esaú, especialmente Rebeca.

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