Rebeca sabía que Esaú no tenía rayo ninguno del misterio de Dios. Esaú era torpe, grosero y holgazán. Jacob, por el contrario, era muy vivo, prudente, y se asemejaba a la madre. Isaac se inclinaba más hacia Esaú por ser el primogénito. Este salía a menudo de caza. Rebeca iba meditando cómo podía hacer recaer en Jacob el derecho de la primogenitura y la bendición paterna. La compra de este derecho se lo había sugerido Rebeca a Jacob. La comida consistió en una legumbre con carne y hojas verdes, como lechuga. Esaú venía rendido; Jacob le arrancó con sus artes la entrega de la primogenitura. Isaac era ya anciano, estaba ciego, y temiendo morirse quiso dar su bendición a Esaú. Rebeca sabía que Jacob debía tenerla y no quiso persuadir a Isaac: estaba muy conturbada e inquieta.
Como
Isaac no quería diferir el cumplimiento de su deseo, y llamase a Esaú, que
estaba cerca, se tuvo que ocultar Jacob, para que no lo viera Esaú. Rebeca
mandó a Jacob que fuera a buscar un cabrito de la majada, porque Isaac había pedido
a Esaú que le trajese algo de su caza. Apenas hubo salido Esaú, ya estaba la comida
de Rebeca pronta. Los buenos vestidos de Esaú, que Rebeca puso a Jacob,
consistían en una chaqueta, como él solía llevar, pero más tiesa y bordada en
el pecho. Esaú tenía los brazos y el pecho muy velludos, como una piel; por eso
Rebeca le acomodó pieles sobre los brazos y el pecho, en la parte de la
abertura. Sólo en los bordados y adornos era esta chaqueta diferente de las
demás; en los lados estaba abierta y tenía una abertura bordada de pieles
delicadas, de color oscuro, por donde se ponía al cuello. A los lados se
anudaba con cintas de cuero. La faja de la cintura servía también de bolsillo.
La chaqueta no tenía mangas. El pecho estaba libre. Lo que cubría la cabeza,
como asimismo la especie de mandil, eran de color rojo oscuro.
He
visto como Isaac tanteaba a Jacob en los brazos y el pecho, donde era tan velludo
Esaú, y cómo vacilaba y se mostraba pesaroso e indeciso. Pero llegado el
momento, como era voluntad de Dios, terminó por creer que era Esaú y dio a
Jacob la bendición, que él había recibido de Abraham, y éste del ángel.
He
visto, sin embargo, que antes había preparado con Rebeca algo misterioso que
pertenecía a esta bendición; era una bebida contenida en un vaso. Los hijos
nada sabían de esto: sólo aquél que tenía la bendición recibía el misterio, el
cual, con todo, permanecía misterioso para él, como para nosotros el santo
Sacramento. Este recipiente era de un lado más chato que de otro; era transparente
y luminoso como madreperla; estaba lleno de un líquido rojizo, y tuve la
impresión de que fuera sangre, como sangre del mismo Isaac. Rebeca intervino en
la preparación. Cuando Isaac bendijo a Jacob, éste estaba sólo con su padre.
Tuvo que descubrirse el pecho delante de su padre. El padre llevó su mano,
bendiciendo, desde la frente, en línea recta, hacia abajo; luego, desde el
hombro derecho hasta abajo, y lo mismo desde el hombro izquierdo. Puso la mano
derecha sobre la cabeza de Jacob y la izquierda bajo el corazón. En esto tuvo
que beber Jacob del líquido; luego siguió una ceremonia, como si Isaac le diera
todo, potestad y fuerza, pues pareció que sacaba con ambas manos algo de su
cuerpo y lo ponía en el de Jacob. Tuve la persuasión de que era toda su fuerza
la bendición. En todos estos actos Isaac recitaba oraciones en alta voz. Isaac
estaba incorporado en el lecho al dar la bendición, lleno de entusiasmo, y
salía como un resplandor de él.
Cuando
trazaba las líneas de la bendición tenía las manos algo levantadas, como el
sacerdote cuando dice “Dominus vobiscum”. Cuando Isaac rezaba Jacob tenía las
manos cruzadas sobre el pecho. Cuando Isaac le dio la bendición, la recibió
Jacob cruzando las manos sobre el pecho como quien abraza algo sensible. Por
último, Isaac puso sus manos sobre la cabeza y en la región del estómago. El
vasito del cual bebió Jacob, le fue también entregado. Cuando terminó el acto
de la bendición, he visto a Isaac completamente exhausto por el esfuerzo o por
la real entrega de algo que él perdía al dárselo a Jacob. En cambio, he visto a
Jacob lleno de fuerza, rozagante, pleno de vida y animación. En este modo
volvía Esaú de su caza. Cuando Isaac se enteró del cambio de persona, en cuanto
a la bendición, no se irritó; conoció que era la voluntad de Dios. Esaú, en
cambio, estaba rabioso; y se arrancaba los cabellos; pero me pareció que no era
tanto por la pérdida de la bendición, como por envidia contra Jacob. Ambos
hermanos eran ya hombres cuando recibió Jacob la bendición. Esaú tenía entonces
dos mujeres, cosa que disgustaba grandemente a sus padres. Ambos tenían más de
cuarenta años de edad.
Cuando
Rebeca vio la ira de Esaú, envió secretamente a Jacob a casa de su hermano Labán.
Lo he visto partir. Vestía chaqueta hasta la cintura y túnica hasta las rodillas,
sandalias en los pies y lienzos en la cabeza. Llevaba un bastón de viajero y un
saco con panes colgado de los hombros; del otro lado, una botella con bebida.
Era todo lo que llevaba consigo. Así lo he visto partir del lado de su madre,
deshecha en lágrimas. Isaac lo bendijo también y le dijo que partiera y tomase
mujer allí mismo. Los padres sufrieron mucho por causa de Esaú, especialmente
Rebeca.
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