He
visto que Adán no fue creado en el Paraíso, sino en el lugar que más tarde fue
Jerusalén. Lo he visto surgiendo, luminoso y blanco, de una pequeña elevación
de tierra amarilla, como saliendo de un molde. El sol brillaba, y yo pensaba,
cuando niña, que el sol con su brillo lo hacía brotar de la tierra. Era como
nacido de la tierra, entonces virgen. Dios bendijo esta tierra y ella fue como
su madre. Él no salió de repente de la tierra; tardó algún tiempo en aparecer.
Estaba recostado sobre su parte izquierda, con el brazo sobre la cabeza, y
parecía velado de una niebla fluorescente. Yo veía una figura en su costado
derecho y estaba persuadida de que era Eva, la cual fue más tarde sacada de
Adán en el Paraíso por obra de Dios. Dios llamó a Adán y fue entonces como si
la colina se abría y Adán surgía poco a poco del seno de ella. No había árboles
en torno, sino sólo pequeñas plantas floridas. He visto también que los
animales salían uno a uno de la tierra y que se separaban luego las hembras. He
visto que Adán fue llevado muy lejos de allí, a un jardín colocado en alto, el
Paraíso terrenal. Dios hizo desfilar a los animales ante él. Adán los nombraba
y ellos le seguían y le hacían fiestas. Toda la creación servía a Adán antes
del pecado. He visto a Adán en el Paraíso, no lejos de la fuente en medio del
jardín, levantándose como del sueño, entre flores y arbustos. Su cuerpo era de
una blancura tenuemente luminosa. Con todo su cuerpo tenía más de carne que de
ser puramente espiritual. No se maravillaba de nada de lo que le rodeaba;
paseaba entre los árboles y entre los animales como si estuviera acostumbrado,
como quien visita sus campos y sus posesiones.
He
visto a Adán descansando, con la mano izquierda apoyada en la mejilla, en
aquella colinita junto a las aguas. Dios envió sueño sobre él. Adán estaba
sumido en visiones. Entonces sacó del costado derecho de Adán a Eva,
precisamente del lado donde fue abierto el pecho de Jesús por la lanza. He
visto a Eva, al principio, pequeña y delicada; pronto creció hasta que la vi
grande y hermosa. Si no hubiera habido pecado todos los hombres hubieran sido
formados y hubieran nacido en un sueño tranquilo.2 La colina se dividió en dos partes, vi del
lado de Adán una roca como de cristal y piedras preciosas. Del lado de Eva se
formó un vallecito cubierto de blanco y fino polvo fructífero. Cuando Eva fue
creada, yo he visto que Dios le dio algo a Adán o le inspiró algo. Me pareció
que salían de Dios, en forma humana, de la frente, de la boca, del pecho y de
las manos, rayos de luz que se unían en un haz de resplandores, que entró en el
lado derecho de Adán de donde había sido sacada Eva. He visto que sólo Adán
recibió este torrente de luz. Era el germen de la bendición de Dios. En esta
bendición había como una trinidad. La bendición que recibió más tarde Abraham
por el ángel era algo parecido, pero no tan luminoso como lo recibido por Adán.
Eva
estaba de pie, delante de Adán, y éste le dio la mano. Eran como dos niños
inocentes, maravillosamente hermosos y nobles. Eran luminosos, cubiertos de luz
como si fuera un vestido fluorescente. En la boca de Adán yo veía un ancho haz
de luz y sobre su frente como una faz severa. Alrededor de su boca había un sol
de rayos. En la de Eva no había tal resplandor. El corazón lo vi como al presente
lo tienen los hombres; pero el pecho estaba rodeado de rayos de luz, y en medio
del corazón vi una gloria luminosa, y adentro, una pequeña imagen con algo en
la mano. Yo creo que era una representación de la tercera Persona de la
Santísima Trinidad. También de sus pies y manos salían rayos de luz. Sus
cabellos caían en cinco luminosos haces: dos desde las sienes, dos detrás de
las orejas y uno detrás de la cabeza. He tenido siempre la persuasión de que
por las llagas de Jesús se abrieron puertas del cuerpo mortal que habían sido
cerradas por el pecado, y que Longino, al abrir el pecho de Jesús, abrió
asimismo las puertas del renacimiento a la vida eterna. Por esto nadie pudo
tener entrada en el cielo antes que estas puertas fueran abiertas. Los haces luminosos
de la cabeza de Adán, los he visto como una superabundancia, como una gloria en
relación con otros resplandores. Esta gloria vuelve de nuevo sobre los cuerpos
glorificados de los bienaventurados. Nuestros cabellos son restos de la caída y
perdida gloria, y como están nuestros cabellos ahora en comparación con los
rayos de luz, así es nuestra carne comparada con el cuerpo de Adán anterior a
la caída. El sol de luz sobre la boca de Adán tenía relación con la bendición
de una santa descendencia por Dios, la cual, sin la culpa original, se hubiese
efectuado por medio de la palabra. Adán dio la mano a Eva, y caminaron desde el
lugar donde la mujer había sido creada, a través del Paraíso, examinándolo todo
y gozando de la creación. Este lugar era el más elevado del Paraíso terrenal:
todo era resplandor y luz y más ameno que los demás lugares del mismo Paraíso.
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