miércoles, 14 de enero de 2015

III Adán y Eva.



He visto que Adán no fue creado en el Paraíso, sino en el lugar que más tarde fue Jerusalén. Lo he visto surgiendo, luminoso y blanco, de una pequeña elevación de tierra amarilla, como saliendo de un molde. El sol brillaba, y yo pensaba, cuando niña, que el sol con su brillo lo hacía brotar de la tierra. Era como nacido de la tierra, entonces virgen. Dios bendijo esta tierra y ella fue como su madre. Él no salió de repente de la tierra; tardó algún tiempo en aparecer. Estaba recostado sobre su parte izquierda, con el brazo sobre la cabeza, y parecía velado de una niebla fluorescente. Yo veía una figura en su costado derecho y estaba persuadida de que era Eva, la cual fue más tarde sacada de Adán en el Paraíso por obra de Dios. Dios llamó a Adán y fue entonces como si la colina se abría y Adán surgía poco a poco del seno de ella. No había árboles en torno, sino sólo pequeñas plantas floridas. He visto también que los animales salían uno a uno de la tierra y que se separaban luego las hembras. He visto que Adán fue llevado muy lejos de allí, a un jardín colocado en alto, el Paraíso terrenal. Dios hizo desfilar a los animales ante él. Adán los nombraba y ellos le seguían y le hacían fiestas. Toda la creación servía a Adán antes del pecado. He visto a Adán en el Paraíso, no lejos de la fuente en medio del jardín, levantándose como del sueño, entre flores y arbustos. Su cuerpo era de una blancura tenuemente luminosa. Con todo su cuerpo tenía más de carne que de ser puramente espiritual. No se maravillaba de nada de lo que le rodeaba; paseaba entre los árboles y entre los animales como si estuviera acostumbrado, como quien visita sus campos y sus posesiones.

He visto a Adán descansando, con la mano izquierda apoyada en la mejilla, en aquella colinita junto a las aguas. Dios envió sueño sobre él. Adán estaba sumido en visiones. Entonces sacó del costado derecho de Adán a Eva, precisamente del lado donde fue abierto el pecho de Jesús por la lanza. He visto a Eva, al principio, pequeña y delicada; pronto creció hasta que la vi grande y hermosa. Si no hubiera habido pecado todos los hombres hubieran sido formados y hubieran nacido en un sueño tranquilo.2  La colina se dividió en dos partes, vi del lado de Adán una roca como de cristal y piedras preciosas. Del lado de Eva se formó un vallecito cubierto de blanco y fino polvo fructífero. Cuando Eva fue creada, yo he visto que Dios le dio algo a Adán o le inspiró algo. Me pareció que salían de Dios, en forma humana, de la frente, de la boca, del pecho y de las manos, rayos de luz que se unían en un haz de resplandores, que entró en el lado derecho de Adán de donde había sido sacada Eva. He visto que sólo Adán recibió este torrente de luz. Era el germen de la bendición de Dios. En esta bendición había como una trinidad. La bendición que recibió más tarde Abraham por el ángel era algo parecido, pero no tan luminoso como lo recibido por Adán.

Eva estaba de pie, delante de Adán, y éste le dio la mano. Eran como dos niños inocentes, maravillosamente hermosos y nobles. Eran luminosos, cubiertos de luz como si fuera un vestido fluorescente. En la boca de Adán yo veía un ancho haz de luz y sobre su frente como una faz severa. Alrededor de su boca había un sol de rayos. En la de Eva no había tal resplandor. El corazón lo vi como al presente lo tienen los hombres; pero el pecho estaba rodeado de rayos de luz, y en medio del corazón vi una gloria luminosa, y adentro, una pequeña imagen con algo en la mano. Yo creo que era una representación de la tercera Persona de la Santísima Trinidad. También de sus pies y manos salían rayos de luz. Sus cabellos caían en cinco luminosos haces: dos desde las sienes, dos detrás de las orejas y uno detrás de la cabeza. He tenido siempre la persuasión de que por las llagas de Jesús se abrieron puertas del cuerpo mortal que habían sido cerradas por el pecado, y que Longino, al abrir el pecho de Jesús, abrió asimismo las puertas del renacimiento a la vida eterna. Por esto nadie pudo tener entrada en el cielo antes que estas puertas fueran abiertas. Los haces luminosos de la cabeza de Adán, los he visto como una superabundancia, como una gloria en relación con otros resplandores. Esta gloria vuelve de nuevo sobre los cuerpos glorificados de los bienaventurados. Nuestros cabellos son restos de la caída y perdida gloria, y como están nuestros cabellos ahora en comparación con los rayos de luz, así es nuestra carne comparada con el cuerpo de Adán anterior a la caída. El sol de luz sobre la boca de Adán tenía relación con la bendición de una santa descendencia por Dios, la cual, sin la culpa original, se hubiese efectuado por medio de la palabra. Adán dio la mano a Eva, y caminaron desde el lugar donde la mujer había sido creada, a través del Paraíso, examinándolo todo y gozando de la creación. Este lugar era el más elevado del Paraíso terrenal: todo era resplandor y luz y más ameno que los demás lugares del mismo Paraíso.

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