Antes
del pecado eran muy distintos Adán y Eva de lo que somos nosotros ahora,
miserables mortales. Con el gustar de la fruta prohibida tomaron una forma en
sí mismos y una realización de cosas (Sache-Werden) y lo que hasta entonces
había sido espiritual se hizo carnal, cosa material, instrumento, recipiente.
Hasta entonces eran unos en Dios, se amaban en Dios y por Dios; ahora estaban
desligados en su propio amor y voluntad, y esta propia voluntad es amor propio,
afición al pecado, impureza. Por el gustar de la fruta prohibida se apartó el
hombre de su Creador y se efectuó algo así como si el hombre tomase en sí mismo
la creación; y de este modo todas las fuerzas, propiedades y su relación entre
sí y con la entera naturaleza se hicieron en el hombre corporales y tangibles,
cosas de infinitas fases y variadas maneras. Antes era el hombre, por Dios, el
señor de toda la naturaleza; ahora todo lo que hay en el hombre se le ha hecho
naturaleza y siendo como un señor esclavizado y sujetado por su mismo servidor.
Ahora tiene que pelear con el que había sido su esclavo. Yo no lo puedo
expresar mejor, pero me parece poder decir que antes era el hombre el centro y
fundamento de todas las cosas creadas, cuando estaba en Dios y con Dios, y por
el pecado recibió en sí esta naturaleza que se ha hecho dueña del hombre, y lo
tiraniza.
He
visto en cuadros todo el interior del hombre, sus órganos como en carne y
cuerpo, a modo de forma caída y corrupta. He visto la relación que existe entre
los seres de la naturaleza desde las lejanas estrellas hasta el más pequeño de
los animales. Toda esta naturaleza obra y tiene influencia sobre el hombre; de
todas estas cosas depende y tiene con ellas que entender y proceder, y con
todas ellas tiene alguna dependencia y ocasión de sufrimiento y de lucha. No lo
puedo decir más claro, precisamente porque yo también soy un miembro de la
humanidad caída.
El
hombre ha sido creado para llenar los coros de los ángeles caídos. Si no
hubiese habido pecado, se habría multiplicado la descendencia de Adán hasta
llenar el número de los ángeles caídos, y entonces se habría completado la
creación. Si hubiesen Adán y Eva vivido siquiera durante una generación sin
pecado, hubiesen sido confirmados en gracia: ya no habrían caído. Se me ha
asegurado que el fin del mundo no vendrá sino cuando el número de los ángeles
caídos se haya completado con elegidos y se haya recogido en los graneros del
Señor todo el trigo separado de la cizaña.
He
tenido una vez una visión completa e interminable de todas las culpas y pecados
y de su remedio y reparación. Veía todos estos misterios claros y los entendía,
pero ahora no atino a expresarlos con palabras. He visto la culpa desde la
caída de los ángeles y el pecado de Adán hasta los pecados de los tiempos
presentes en todas sus infinitas ramificaciones, y he visto también todos los
preparativos del remedio y de la redención a través de todos los tiempos hasta
la muerte de Jesús. Jesús mismo me mostraba la inconcebible corrupción y la
interna impureza de todas las cosas y todo lo que desde un principio hizo para
purificar y restablecer lo caído y perdido.
Con
la caída de los ángeles vinieron muchos malos espíritus sobre la tierra y en el
aire. He visto como muchas cosas están como embebidas y posesionadas de su
influencia maléfica. El primer hombre era una imagen de Dios; era como un
cielo. Todo era uno en Él y con Él. Su forma misma era una semejanza de la forma
divina. Estaba destinado a poseer las cosas creadas y a gozarlas; pero debía
hacerlo en Dios y por Dios, y en agradecimiento de su bondad. Era también libre
y, por esto, sujeto a prueba: por esto se le prohibió comer de la fruta del
árbol. En un principio todo era uniforme y llano. Cuando la colinita, la
luminosa altura donde estaba Adán, se levantó, y se formó y se hundió el
vallecito blanco de polvillo fructífero, donde estaba Eva, ya se había acercado
el tentador.
Después
de la culpa todo quedó cambiado y alterado. Todas las formas de lo creado se
relajaron y se dispersaron en mil maneras. Lo que era uno se hizo múltiple, y
los hombres ya no tomaron sólo de Dios, sino sólo de sí mismos. Ahora eran en
verdad dos, y fueron luego tres, y, finalmente, muchedumbre. Imagen de Dios
habían sido antes: ahora eran imágenes de sí mismos. Ahora estaban en relación
y contacto con los ángeles caídos. Recibieron de sí mismos y de la tierra, con
los cuales los ángeles caídos tenían influencia. Por esta causa se produjo una
inacabable mezcla y dispersión de la humanidad entre sí y con la naturaleza
caída, siguiéndose una interminable secuela de pecados, de culpas, de miserias
de toda clase.
Mi
Esposo divino me mostró todo esto muy claramente, tan inteligible y llanamente
como se ve la vida y las cosas de cada día, y yo pensaba entonces: "Esto
lo puede entender un niño. No obstante, ahora no me es posible
explicarlo": Jesús me mostró el plan y los medios de la Redención desde el
principio y me hizo ver todo lo que Él había hecho en ese sentido. He entendido
también que no es acertado decir: "Dios no necesitó hacerse hombre y morir
en la cruz por nosotros; Él hubiera podido, en su omnipotencia, hacerlo de otra
manera". He comprendido que Él obró así por su infinita perfección, por su
infinita bondad y por su infinita justicia; que no hay en Dios un debe, sino
que Él obra lo que obra y es lo que es.
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