Volviendo
desde una excursión al África, Semíramis pasó por Egipto, reino fundado por
Mesraim, nieto de Cam, el cual a su arribo a esas tierras había encontrado ya
algunas tribus dispersas y corruptas. Egipto fue fundado y establecido como
reino con varias tribus de gentes, y por eso tenía, ya a uno, y a otro, de
entre ellas, como jefe. Cuando llegó Semíramis a Egipto había cuatro ciudades.
La más antigua era Tebas, donde vivía una raza más esbelta, ágil y activa que
en la ciudad de Menfis, cuyos habitantes eran de raza inferior. Estaba situada
en la orilla izquierda del Nilo, adonde se llegaba por un largo puente. En la
parte derecha estaba el castillo, donde en los tiempos de Moisés vivió la hija
del Faraón. Los habitantes, oscuros, de cabellos lanosos, fueron desde los
primeros tiempos esclavos, y nunca reinaron sobre el país. Los que primero
llegaron y edificaron a Tebas, vinieron, me parece, de otras partes del África;
otros vinieron a través del Mar Rojo por el lugar donde más tarde pasaron los
israelitas. La tercera ciudad se llamaba Chume, en un principio; luego
Heliópolis. Está situada muy lejos de Tebas. Cuando María, José y el niño Jesús
huyeron a Egipto, había aún grandes edificios en torno de esta ciudad. Más
debajo de Menfis está la ciudad de Sais; creo que es más antigua que Menfis.
Cada una de estas cuatro ciudades tenía su propio rey.
Semíramis
fue muy honrada en Egipto y aumentó, con proyectos y artes diabólicas, la
idolatría que allí se ejercía. La he visto en Menfis, donde ofrecían
sacrificios humanos, hacer planos y ocuparse en observar los astros y en obras
de magia. No he visto, por este tiempo, al buen Apis; pero sí un ídolo con
cabeza como el sol y terminando en cola. Ella dio allí el plano para la primera
pirámide, que se edificó sobre la orilla oriental del Nilo, no lejos de Menfis.
En esta obra se vio todo el pueblo obligado a trabajar. Cuando esta pirámide
estuvo terminada he visto volver a Semíramis con un centenar de sus guerreros.
Se celebró una fiesta de inauguración y Semíramis fue venerada casi como una
diosa. Esta pirámide estaba edificada sobre un lugar donde había agua y
pantanos. Por eso se había hecho un fundamento sólido, de grandes pilares, que
parecía un inmenso puente, sobre el cual se levantó luego la pirámide. Debajo
de la pirámide se podía caminar, al rededor, como en un gran templo de
columnas. Allí debajo habían hecho muchas cámaras, espacios, prisiones y salas;
en la parte interior de la pirámide había muchas cámaras pequeñas, y en la
exterior se veían muchas ventanas y aberturas de las cuales colgaban paños y
lienzos que flotaban al aire. Entorno de la pirámide había grandes jardines y
lugares de baño. En el interior de esta pirámide se ejercía la más abyecta
idolatría; mejor dicho, en el sitio de la observación de los astros, de la
magia y de las peores corrupciones. Se sacrificaban niños y ancianos. Astrólogos,
hechiceros y magos de toda categoría tenían allí su asiento, su morada y sus
diabólicas visiones e ilusiones. En el lugar de los baños había una instalación
para purificar las aguas del Nilo.
Más
tarde he visto a mujeres egipcias en grandes orgías, en estos baños,
relacionadas con las mayores atrocidades del culto de los dioses. Esta pirámide
no subsistió mucho tiempo: fue destruida. El pueblo era muy supersticioso y los
sacerdotes de los ídolos estaban sumidos en tanta ignorancia, tinieblas y en tales
artes adivinatorias, que en Heliópolis preguntaban hasta los sueños de las
gentes y los reunían, escribían y conservaban relacionándolos con las
observaciones de las estrellas y astros. Cada vez había más personas
magnetizadas con visiones diabólicas, las cuales mezclaban algo de verdad con
falsedades. De este modo se ordenó el culto de los ídolos y aún la cronología
de los egipcios. He visto, por ejemplo, que los dioses Isis y Osiris no eran
otra cosa que José (virrey del Egipto) y Asenté (su esposa), que los astrólogos
de Egipto habían predicho a raíz de visiones diabólicas, y que ellos habían
colocado entre sus dioses. Cuando llegaron, fueron venerados como dioses. He
visto que Asenté se lamentaba y lloraba por ello, y hasta escribió en contra
del culto que se le tributaba.
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