sábado, 10 de enero de 2015

XXV Fundación de ciudades en Egipto.



Volviendo desde una excursión al África, Semíramis pasó por Egipto, reino fundado por Mesraim, nieto de Cam, el cual a su arribo a esas tierras había encontrado ya algunas tribus dispersas y corruptas. Egipto fue fundado y establecido como reino con varias tribus de gentes, y por eso tenía, ya a uno, y a otro, de entre ellas, como jefe. Cuando llegó Semíramis a Egipto había cuatro ciudades. La más antigua era Tebas, donde vivía una raza más esbelta, ágil y activa que en la ciudad de Menfis, cuyos habitantes eran de raza inferior. Estaba situada en la orilla izquierda del Nilo, adonde se llegaba por un largo puente. En la parte derecha estaba el castillo, donde en los tiempos de Moisés vivió la hija del Faraón. Los habitantes, oscuros, de cabellos lanosos, fueron desde los primeros tiempos esclavos, y nunca reinaron sobre el país. Los que primero llegaron y edificaron a Tebas, vinieron, me parece, de otras partes del África; otros vinieron a través del Mar Rojo por el lugar donde más tarde pasaron los israelitas. La tercera ciudad se llamaba Chume, en un principio; luego Heliópolis. Está situada muy lejos de Tebas. Cuando María, José y el niño Jesús huyeron a Egipto, había aún grandes edificios en torno de esta ciudad. Más debajo de Menfis está la ciudad de Sais; creo que es más antigua que Menfis. Cada una de estas cuatro ciudades tenía su propio rey.

Semíramis fue muy honrada en Egipto y aumentó, con proyectos y artes diabólicas, la idolatría que allí se ejercía. La he visto en Menfis, donde ofrecían sacrificios humanos, hacer planos y ocuparse en observar los astros y en obras de magia. No he visto, por este tiempo, al buen Apis; pero sí un ídolo con cabeza como el sol y terminando en cola. Ella dio allí el plano para la primera pirámide, que se edificó sobre la orilla oriental del Nilo, no lejos de Menfis. En esta obra se vio todo el pueblo obligado a trabajar. Cuando esta pirámide estuvo terminada he visto volver a Semíramis con un centenar de sus guerreros. Se celebró una fiesta de inauguración y Semíramis fue venerada casi como una diosa. Esta pirámide estaba edificada sobre un lugar donde había agua y pantanos. Por eso se había hecho un fundamento sólido, de grandes pilares, que parecía un inmenso puente, sobre el cual se levantó luego la pirámide. Debajo de la pirámide se podía caminar, al rededor, como en un gran templo de columnas. Allí debajo habían hecho muchas cámaras, espacios, prisiones y salas; en la parte interior de la pirámide había muchas cámaras pequeñas, y en la exterior se veían muchas ventanas y aberturas de las cuales colgaban paños y lienzos que flotaban al aire. Entorno de la pirámide había grandes jardines y lugares de baño. En el interior de esta pirámide se ejercía la más abyecta idolatría; mejor dicho, en el sitio de la observación de los astros, de la magia y de las peores corrupciones. Se sacrificaban niños y ancianos. Astrólogos, hechiceros y magos de toda categoría tenían allí su asiento, su morada y sus diabólicas visiones e ilusiones. En el lugar de los baños había una instalación para purificar las aguas del Nilo.

Más tarde he visto a mujeres egipcias en grandes orgías, en estos baños, relacionadas con las mayores atrocidades del culto de los dioses. Esta pirámide no subsistió mucho tiempo: fue destruida. El pueblo era muy supersticioso y los sacerdotes de los ídolos estaban sumidos en tanta ignorancia, tinieblas y en tales artes adivinatorias, que en Heliópolis preguntaban hasta los sueños de las gentes y los reunían, escribían y conservaban relacionándolos con las observaciones de las estrellas y astros. Cada vez había más personas magnetizadas con visiones diabólicas, las cuales mezclaban algo de verdad con falsedades. De este modo se ordenó el culto de los ídolos y aún la cronología de los egipcios. He visto, por ejemplo, que los dioses Isis y Osiris no eran otra cosa que José (virrey del Egipto) y Asenté (su esposa), que los astrólogos de Egipto habían predicho a raíz de visiones diabólicas, y que ellos habían colocado entre sus dioses. Cuando llegaron, fueron venerados como dioses. He visto que Asenté se lamentaba y lloraba por ello, y hasta escribió en contra del culto que se le tributaba.

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