miércoles, 14 de enero de 2015

II Creación de la Tierra.



En seguida de la caída de los ángeles, vi que los espíritus de los coros luminosos se humillaron delante de la Divinidad, protestaron sumisión y pidieron quisiera la Divinidad reparar y llenar los vacíos que se habían producido. Entonces vi como un movimiento y un obrar en la luz de la Divinidad, que hasta entonces había quedado inmóvil, y que había esperado, como yo lo sentí en mi interior, esa petición de los ángeles. Después de esta acción de los ángeles estuve persuadida que ellos debían permanecer firmes y no podían ya caer. Se me dio a entender, sin embargo, que era decisión y decreto de Dios, por causa de la caída de los ángeles, que debía haber lucha y guerra mientras no se llenasen los coros de los ángeles caídos. Este tiempo se me representó en el espíritu como muy largo y como imposible. Esta lucha debía producirse en la tierra, y no en los cielos, donde no debía haber más lucha, ya que la Divinidad lo había afirmado en su estabilidad.

Después de la persuasión no pude tener compasión con el diablo, pues supe que él cayó por la fuerza de su propia mala voluntad. Tampoco puedo tener enojo contra Adán; siento, en cambio, mucha compasión hacia él, pues pienso que ya estaba todo previsto.

Inmediatamente luego de la súplica de los ángeles fieles y después del movimiento en la Divinidad, apareció un mundo, un globo oscuro al lado del globo de las tinieblas que se había formado debajo del sol luminoso de la Divinidad; este globo estaba a la derecha y no lejos del globo anterior.

Entonces fijé mi atención sobre el globo oscuro que estaba a la derecha de la esfera tenebrosa, y he visto un movimiento dentro de él, como si creciese por momentos. Aparecieron puntos luminosos en la masa oscura y la rodearon como bandas luminosas. Luego se vieron lugares más claros, y apartáronse estas bandas de tierra de las aguas que la rodeaban. Después vi en los lugares más claros un movimiento, como algo viviente que rebullía en ellos. Sobre la superficie de la tierra vi crecer hierbas y aparecer plantas y, en medio de ellas, seres vivientes que se movían. Me parecía, como era todavía niña, que las plantas se movían.

Hasta este momento todo había sido gris y ahora se esclarecía al ver como una salida de sol. Parecía ese mundo como es la mañana sobre la tierra, que todo despierta del sueño. Todo lo demás que había visto antes, desapareció de mi vista. El cielo estaba azul y el sol recorría su camino. Vi una parte del mundo iluminada por él, y tan brillante y agradable, que pensé: "Esto es el Paraíso".

A medida que en la tierra oscura se iban cambiando las cosas, yo veía algo que salía del altísimo círculo de la Divinidad. Me parecía, al ver subir el sol desde el horizonte, como cuando todo renace al amanecer; era la primera mañana del mundo. Con todo, no presenciaba esto ningún ser humano. Las cosas permanecían como si siempre hubiesen estado así. Todo estaba aún en la inocencia de la primitiva creación. Conforme subía el sol en el horizonte, yo veía que también las plantas y los árboles crecían elevándose a mayor altura. Las aguas me parecían más claras y santificadas; los colores más puros y luminosos; todo era indeciblemente agradable. No hay ninguna comparación ahora de cómo estaba la creación entonces. Las plantas, las flores y los árboles tenían otras figuras. Las cosas de ahora son, en su comparación, como achaparradas y estropeadas; todo está hoy como reseco y agostado.

A menudo, cuando veo frutas y plantas en nuestro jardín, y luego veo los mismos (en visión) en los países calurosos del Sur, completamente distintos en tamaño, hermosura y en sabor, por ejemplo, los duraznos, pienso para mí: '"Lo que son nuestras frutas en comparación con las frutas de los países del Sur, así son estas frutas del Sur comparadas con las frutas del Paraíso terrenal". He visto allí rosas blancas y rojas, y pensé entre mí: "Estas significan la pasión de Cristo y la Redención". También he visto palmeras y árboles muy espaciosos que daban sombra como una techumbre. Antes que viera el sol, todo me parecía más pequeño y reducido; después, más grande, y, finalmente, grande del todo. Los árboles no estaban muy cerca uno de otro. Veía de cada planta, al menos de las más grandes, solo un ejemplar, y las veía separadas cual si pertenecieran a un vivero, plantadas según su clase. Todo lo demás estaba verde y tan puro, incorrupto y ordenado que ni remotamente se podía pensar en un ordenamiento humano. Yo pensaba: "¡Cómo está todo tan bello y ordenado, y no hay aquí hombre alguno! Aún no hay pecado; por eso no hay aquí nada manchado ni corrupto. Todo es aquí santo y saludable; nada ha sido remendado o compuesto; todo es limpio, puro e incontaminado".

Las praderas tenían elevaciones insensibles cubiertas de vegetación y de verdor. En el medio se veía una fuente, de la cual salían ríos en todas direcciones y algunos volvían a su origen. En esta agua vi por primera vez movimiento y seres vivientes. Después vi animales entre las plantas y arbustos; parecía que despertaran del sueño mirando a través de las hierbas y plantas. Estos animales no eran ariscos y eran muy diferentes a los actuales. Si los comparo con los animales de ahora, aquéllos me parecían como hombres. Eran inocentes, puros, nobles, muy ágiles, llenos de contento y muy mansos. No puedo expresar con palabras cómo eran entonces estos animales. La mayoría de ellos me eran desconocidos. No veía allí ninguno igual a los de ahora. He visto elefantes, ciervos, camellos y especialmente el unicornio, que vi después también en el arca de Noé; era allí de modo particular manso y cariñoso. Era más corto que el caballo y tenía la cabeza más redondeada. No he visto entonces ningún mono, ni insectos, ni tampoco animal alguno repugnante o escuálido. He pensado siempre que estos animales surgieron después como castigo del pecado. He visto muchos pájaros y oía sus cantos tan agradables como en una alegre mañana En cambio, no oía bramido de fieras ni vi aves de rapiña.

El Paraíso terrenal existe aún; pero le es del todo imposible al hombre el llegar hasta él. Lo he visto allá arriba en todo su esplendor, separado de la tierra oblicuamente, como lo está la esfera oscura de los ángeles caídos respecto del cielo. 1

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