jueves, 8 de enero de 2015

XXXIV Viaje de Jacob a Mesopotamia



He visto a Jacob durante su viaje a Mesopotamia descansando y durmiendo en el lugar donde después estuvo Betel. El sol se había ocultado. Puso una piedra por almohada y se durmió, echado de espaldas. Su bastón descansaba sobre su brazo. He visto la escala que vio él en sueños y de la cual dice la Escritura que estaba sobre la tierra y que su punta llegaba al cielo. Yo he visto, en cambio, a esta escala comenzar en Jacob, tendido, y llegar hasta el cielo. La he visto como un vivo árbol genealógico de su propia descendencia. Del mismo modo que se suele representar un árbol genealógico, he visto que nacía, bajo el seno del mismo Jacob durmiente, un sarmiento verde que se dividía en tres ramificaciones, las cuales subían derechamente, como una pirámide de tres partes, para terminar en lo alto del cielo.

Estas tres ramas iniciales estaban unidas abajo por ramas laterales. Estas ramas de las tres ramificaciones principales formaban como los peldaños de la escala. He visto estos peldaños llenos de figuras y apariciones, que eran los descendientes de Jacob, subiendo en la escala, que representaban la genealogía de Jesús, según la carne. Estas ramas laterales, a veces sobrepasaban unas a otras; otras veces se cruzaban; otras, quedaban rezagadas, y otras, viniendo de otro lado, sobrepasaban a ésta según que por el pecado se enturbiaba alguna línea o era purificado por la penitencia y la castidad este germen de la humanidad del Verbo. 

En la cumbre de la escala había una flor pura y hermosa, la Inmaculada María, de la cual debía nacer Jesucristo, tocando los confines del Cielo. He visto, sobre esta flor, el cielo abierto, y el esplendor de Dios, y cómo Dios mismo habló a Jacob desde esa altura. Luego vi cómo Jacob, al despertar por la mañana, dispuso primeramente un fundamento de piedras redondas; colocó una piedra plana, y sobre ésta puso la misma piedra sobre la cual había reclinado su cabeza. Hizo fuego y ofreció algo; luego derramó alguna cosa sobre esa piedra. Rezaba allí hincado de rodillas. Me parece que hizo fuego, de la manera en que lo hacían los Reyes Magos, por medio de frotación y fricción.

Después he visto a Jacob caminando con su bastón hacia la casa de Labán, y deteniéndose en varios lugares como Betel. En este viaje lo vi de nuevo en Ainón, donde había estado ya antes; allí renovó una cisterna, que fue donde más tarde bautizaba Juan. Lo he visto en el lugar de Mahanim, rezando y pidiendo al Señor le protegiese y le conservase los vestidos para no parecer tan mal a su llegada a casa de Labán, y éste le reconociese como pariente.

He visto que entonces aparecieron a ambos lados, flotando en el aire, dos grupos de gentes como significando que estaba protegido y que así se multiplicaría y sería poderoso. A la vuelta de Mesopotamia tuvo la confirmación de lo que había visto en visión. Después lo vi, caminando más hacia el Este, llegar a la parte meridional del río Yabok y pasar la noche allí, en el mismo lugar donde a la vuelta luchó con el ángel. Aquí también tuvo una visión. A la vuelta de Mesopotamia se detuvo Jacob más al Oriente de lo que fue Jabesh-Gilead. He visto cómo su suegro Labán le fue persiguiendo, porque le habían sido robados sus ídolos, cómo lo alcanzó y lo hizo volver, y cómo por motivo de esos ídolos robados hubo mucha discusión entre los dos. Jacob ignoraba que Raquel los había sustraído ocultamente. Cuando Raquel vio que su padre, que había revisado todo el campamento en busca de sus ídolos, acercábase hacia ella, escondió los ídolos hurtados bajo una gran cantidad de paja para los camellos, y se sentó encima cubierta con el velo, como si estuviera enferma y retirada. Este montón de heno estaba amontonado no lejos de su tienda, en el declive del valle, al Sur del rio Yabok. Estos ídolos eran de metal, en forma de muñecos en pañales, de un largo de cinco brazos y medio. Sobre ese montón de heno se sentaron otras mujeres con Raquel. Recuerdo haber visto sentado sobre un montón de heno, aún más grande, a Job en su desgracia. El montón era como de una carrada entera de heno. Los viajeros Llevaron mucho heno consigo en el viaje y cargaron más en el camino. Raquel se había enfadado mucho antes a causa de esos ídolos de su pare y los había hurtado para librarlo de esa idolatría.

Jacob había enviado mensajeros a Esaú, por quien sentía temor. Estos volvieron anunciándole que Esaú se acercaba con cuatrocientos hombres. Dividió entonces Jacob a su gente en dos partes, y al ganado de la primera, en varias secciones, que envió delante a presencia de Esaú. Jacob llevó a su gente hacia Mahanim y allí tuvo de nuevo aquella visión que había visto a la salida para Mesopotamia: un ejército de ángeles. Por esto dijo: “Con un bastón salí y me vio enriquecido con dos ejércitos”. Entendió entonces la visión. Cuando todo fue transportado al otro lado del río Yabok, hizo pasar a sus mujeres e hijos, y se quedó solo. Levantó su tienda allí donde, a su salida de Palestina, había visto la presencia de Dios. Quería pasar allí la noche para rezar. Hizo cerrar por todos lados su tienda y dijo a sus servidores que se alejasen. He visto aquí cómo clamaba al Señor, presentándole sus angustias, y especialmente su gran temor de Esaú. La tienda tenía una abertura arriba para poder mirar mejor a lo alto del cielo.

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