He
visto a Jacob durante su viaje a Mesopotamia descansando y durmiendo en el
lugar donde después estuvo Betel. El sol se había ocultado. Puso una piedra por
almohada y se durmió, echado de espaldas. Su bastón descansaba sobre su brazo.
He visto la escala que vio él en sueños y de la cual dice la Escritura que
estaba sobre la tierra y que su punta llegaba al cielo. Yo he visto, en cambio,
a esta escala comenzar en Jacob, tendido, y llegar hasta el cielo. La he visto
como un vivo árbol genealógico de su propia descendencia. Del mismo modo que se
suele representar un árbol genealógico, he visto que nacía, bajo el seno del
mismo Jacob durmiente, un sarmiento verde que se dividía en tres
ramificaciones, las cuales subían derechamente, como una pirámide de tres
partes, para terminar en lo alto del cielo.
Estas
tres ramas iniciales estaban unidas abajo por ramas laterales. Estas ramas de
las tres ramificaciones principales formaban como los peldaños de la escala. He
visto estos peldaños llenos de figuras y apariciones, que eran los
descendientes de Jacob, subiendo en la escala, que representaban la genealogía de
Jesús, según la carne. Estas ramas laterales, a veces sobrepasaban unas a
otras; otras veces se cruzaban; otras, quedaban rezagadas, y otras, viniendo de
otro lado, sobrepasaban a ésta según que por el pecado se enturbiaba alguna
línea o era purificado por la penitencia y la castidad este germen de la
humanidad del Verbo.
En la cumbre de la escala había una flor pura y hermosa,
la Inmaculada María, de la cual debía nacer Jesucristo, tocando los confines
del Cielo. He visto, sobre esta flor, el cielo abierto, y el esplendor de Dios,
y cómo Dios mismo habló a Jacob desde esa altura. Luego vi cómo Jacob, al
despertar por la mañana, dispuso primeramente un fundamento de piedras
redondas; colocó una piedra plana, y sobre ésta puso la misma piedra sobre la
cual había reclinado su cabeza. Hizo fuego y ofreció algo; luego derramó alguna
cosa sobre esa piedra. Rezaba allí hincado de rodillas. Me parece que hizo
fuego, de la manera en que lo hacían los Reyes Magos, por medio de frotación y
fricción.
Después
he visto a Jacob caminando con su bastón hacia la casa de Labán, y deteniéndose
en varios lugares como Betel. En este viaje lo vi de nuevo en Ainón, donde
había estado ya antes; allí renovó una cisterna, que fue donde más tarde
bautizaba Juan. Lo he visto en el lugar de Mahanim, rezando y pidiendo al Señor
le protegiese y le conservase los vestidos para no parecer tan mal a su llegada
a casa de Labán, y éste le reconociese como pariente.
He
visto que entonces aparecieron a ambos lados, flotando en el aire, dos grupos
de gentes como significando que estaba protegido y que así se multiplicaría y
sería poderoso. A la vuelta de Mesopotamia tuvo la confirmación de lo que había
visto en visión. Después lo vi, caminando más hacia el Este, llegar a la parte
meridional del río Yabok y pasar la noche allí, en el mismo lugar donde a la
vuelta luchó con el ángel. Aquí también tuvo una visión. A la vuelta de Mesopotamia
se detuvo Jacob más al Oriente de lo que fue Jabesh-Gilead. He visto cómo su
suegro Labán le fue persiguiendo, porque le habían sido robados sus ídolos,
cómo lo alcanzó y lo hizo volver, y cómo por motivo de esos ídolos robados hubo
mucha discusión entre los dos. Jacob ignoraba que Raquel los había sustraído
ocultamente. Cuando Raquel vio que su padre, que había revisado todo el
campamento en busca de sus ídolos, acercábase hacia ella, escondió los ídolos
hurtados bajo una gran cantidad de paja para los camellos, y se sentó encima
cubierta con el velo, como si estuviera enferma y retirada. Este montón de heno
estaba amontonado no lejos de su tienda, en el declive del valle, al Sur del rio
Yabok. Estos ídolos eran de metal, en forma de muñecos en pañales, de un largo
de cinco brazos y medio. Sobre ese montón de heno se sentaron otras mujeres con
Raquel. Recuerdo haber visto sentado sobre un montón de heno, aún más grande, a
Job en su desgracia. El montón era como de una carrada entera de heno. Los
viajeros Llevaron mucho heno consigo en el viaje y cargaron más en el camino.
Raquel se había enfadado mucho antes a causa de esos ídolos de su pare y los
había hurtado para librarlo de esa idolatría.
Jacob
había enviado mensajeros a Esaú, por quien sentía temor. Estos volvieron anunciándole
que Esaú se acercaba con cuatrocientos hombres. Dividió entonces Jacob a su
gente en dos partes, y al ganado de la primera, en varias secciones, que envió
delante a presencia de Esaú. Jacob llevó a su gente hacia Mahanim y allí tuvo
de nuevo aquella visión que había visto a la salida para Mesopotamia: un ejército
de ángeles. Por esto dijo: “Con un bastón salí y me vio enriquecido con dos
ejércitos”. Entendió entonces la visión. Cuando todo fue transportado al otro
lado del río Yabok, hizo pasar a sus mujeres e hijos, y se quedó solo. Levantó
su tienda allí donde, a su salida de Palestina, había visto la presencia de
Dios. Quería pasar allí la noche para rezar. Hizo cerrar por todos lados su
tienda y dijo a sus servidores que se alejasen. He visto aquí cómo clamaba al
Señor, presentándole sus angustias, y especialmente su gran temor de Esaú. La
tienda tenía una abertura arriba para poder mirar mejor a lo alto del cielo.
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