Desde
Derketo a Semíramis he visto que pasaron tres generaciones, sucediéndose una
hija de la otra. He visto a Derketo como una mujer grande y fuerte, vestida de
pieles, con muchos adornos colgantes de cueros y una especie de cola de animal.
Tenía sobre la cabeza una gorra de plumas de pájaros e iba acompañada en sus
correrías por otras muchas mujeres y hombres. Habían venido desde Babilonia.
Derketo estaba siempre en visiones diabólicas; profetizaba esto o aquello,
fundaba pueblos, ofrecía sacrificios y hacía continuas correrías por las
comarcas cercanas y aún las más alejadas. Llevaba a veces una raza de gente
consigo, con sus ganados y haberes; profetizaba buena permanencia en un lugar.
Levantaban grandes piedras como recuerdos, ofrecían sacrificios y se entregaban
a las orgías con las gentes que llevaban consigo. Estas piedras eran a veces
extraordinariamente grandes. Todos se le sometían.
Ella
se encontraba en todo lugar; era venerada como una diosa y en edad avanzada
tuvo una hija que siguió todo su proceder. He visto todas estas cosas en una
llanura, de donde tomó origen todo este desorden. Más tarde he visto, ya
anciana, de aspecto feroz, en una ciudad cerca del mar, ocupada en obras de
magia y como en éxtasis diabólico decía a las gentes, allí reunidas, que ella
debía morir por todos ellos y sacrificarse. Añadió que ya no podía quedarse más
tiempo con ellos, pero que quería transformarse en un pescado para estar
siempre en la cercanía con ellos. Señaló la veneración y el culto que le debían
tributar y, en presencia de todo el pueblo, se precipitó en las aguas del mar.
He visto que de inmediato se levantó un gran pescado de entre las olas y que el
pueblo lo saludó con toda clase de manifestaciones de veneración, de
sacrificios y de desórdenes. De todas las cosas que habían pertenecido a
Derketo se originó una serie de supersticiones y de culto idolátrico. He visto
también que las profecías, misterios y alucinaciones que ejercía Derketo,
tenían relación en gran parte con el agua y su significación.
He
visto surgir a otra hija de Derketo desde una pequeña montaña. Pronto debía
gran influencia y poderío. Esto sucedía todavía en tiempos de Nemrod; eran de
la misma raza. A esta hija de Derketo la he visto obrar en todo como su madre,
y aún más desenfrenadamente. Hacía a menudo largas correrías para cazar fieras
con grande acompañamiento de gente y a veces a cientos de millas en comarcas
lejanas. Entretanto ofrecía sacrificios, ejercía la magia y adivinaba lo
futuro. Fundaba poblaciones en diversos lugares y establecía el culto idolátrico
por doquiera. A ésta la he visto arrojarse a las aguas luchando contra un
hipopótamo de gran tamaño.
A
su hija, Semíramis, la he visto en una alta montaña, rodeada de riquezas y
tesoros del mundo, como si el diablo se las mostrase para dárselas, y luego he
visto como completaba la corrupción de su raza en la ciudad de Babilonia. En
los primeros tiempos estos estados de posesión diabólica eran, en muchos, en
general tranquilos, sin ruido; más tarde se hicieron mucho más manifiestos y
violentos. Estas personas se convirtieron de este modo en jefes y conductores y
fueron tenidas por dioses. Introdujeron toda clase de prácticas de culto, según
sus falsas visiones. Exteriormente hacían toda clase de grandes empresas con
arte, usando de violencia; como estaban llenos de ciencia diabólica, inventaron
cosas maravillosas. De este estado nació, en un principio, una casta de señores
y sacerdotes; más tarde sólo sacerdotes. En los primeros tiempos he visto más
mujeres que hombres con estas malignas influencias que actuaban de común
acuerdo en la ciencia y en el obrar. Muchas cosas que se cuentan de estas
personas son deformaciones de sus estados extáticos, magnéticos y diabólicos, y
según hablaban, adivinaban y enseñaban como verdades las alucinaciones que
sufrían por arte del demonio.
También
los judíos ejercitaban en Egipto muchas de estas artes ocultas. Moisés las desarraigó
y fue el verdadero vidente de Dios. Entre los rabinos quedó parte de esta
enseñanza secreta, que fue privilegio de sus sabios. Esto degeneró con el
tiempo, entre el pueblo ignorante, en prácticas bajas que acabaron en brujerías
y en diversas supersticiones. Todo esto proviene de la única fuente diabólica,
del árbol del mal y del reino de las tinieblas. Estas representaciones las veo
como oscuras nubes sobre la tierra; muchas veces, debajo de la misma tierra. En
el magnetismo hay bastante elemento de este poder oculto.
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