He
visto toda esta historia de Hom y Dsemschid en cierta ocasión en que Jesús
enseñaba delante de los filósofos paganos de Lanisa, ciudad de Chipre. 7 Estos filósofos hablaban de Dsemschid delante
de Jesús como de un sabio rey del oriente que había vivido allá en las Indias, que
poseía una daga, recibida de Dios, con la cual repartía y señalaba tierras y
poblaba comarcas y esparcía bendiciones por donde pasaba. Le preguntaron a
Jesús si sabía algo de él y de las maravillas que contaban de su paso sobre la
tierra.
Jesús
les respondió que Dsemschid había sido sólo un hombre prudente y sabio, según
los sentidos y la naturaleza, que había sido un conductor de pueblos que había
llevado su tribu y poblado a ciertas regiones con su gente, cuando empezaban a
dispersarse, como sucedió después de Babel en mayor escala. Les dijo que había
dictado ciertas leyes, y que otros conductores de pueblos habían existido,
semejantes a él, cuando las razas no se habían corrompido tanto, como después
sucedió. Jesús les mostró, empero, cuantas fábulas se contaban de él y se
inventaron; mientras en realidad Dsemschid no había sido sino un remedo y una
falsa imagen del verdadero conductor de pueblos que había sido Melquisedec,
sacerdote y rey. Jesús les dijo en esta ocasión que mirasen a Melquisedec y al
pueblo de Abraham, puesto que al dispersarse los pueblos había Dios enviado las
mejores familias a Melquisedec para que las guiara y las mantuviera unidas, y
les preparase morada y tierras para habitar y se mantuvieran puras. De este
modo, les dijo, estos pueblos se hicieron dignos o indignos de la gracia del
llamamiento y de la promesa, según sus méritos. Jesús añadió: "Quien haya
sido Melquisedec lo podéis pensar e imaginar; lo cierto es que fue una
primitiva imagen de la ya cercana hora de la gracia del llamamiento; el
sacrificio de pan y vino que él ofreció se ha de cumplir ahora y perfeccionar,
y este sacrificio verdadero ha de durar hasta la consumación de los
siglos".
No hay comentarios:
Publicar un comentario