viernes, 9 de enero de 2015

XXXII Abraham recibe el misterio del Antiguo Testamento



Abraham estaba sentado, rezando delante de su tienda, bajo un frondoso árbol que miraba hacia el camino principal. Lo he visto a menudo sentado así para ofrecer hospitalidad a los viajeros. Estaba entonces mirando hacia el cielo. Tenía delante una visión de Dios, como en un rayo de luz solar y se le anunció la proximidad de los tres hombres sabios que habrían de visitarlo. Al punto ofreció un cordero sobre el altar, y lo vi de rodillas, como en éxtasis, pidiendo por la redención de los hombres. Este altar estaba a la derecha del gran árbol, en una tienda abierta por arriba. Más lejos, a la derecha, había otra tienda, donde Abraham guardaba los enseres del sacrificio y donde se entretenía con sus pastores cuando acudían a verlo. Del otro lado, algo más alejada de la calle principal, estaba la tienda de Sara y de sus mujeres, porque las mujeres solían vivir aparte. El sacrificio de Abraham estaba por terminar cuando aparecieron en el camino real los tres ángeles. Caminaban uno detrás de otro, con los vestidos recogidos, como viajeros. Abraham les salió al encuentro; les habló, inclinándose delante de ellos, hacia Dios, y los llevó junto a la tienda del altar, donde dejaron caer sus vestidos, e indicaron a Abraham que se hincase.

He visto lo que sucedió con Abraham, que estaba entonces como en éxtasis, y lo que hicieron los ángeles, en muy corto tiempo, como todo lo que sucede en ese estado. El primer ángel anunció a Abraham, que estaba de rodillas, que Dios quería hacer salir de su descendencia una virgen sin mancha de pecado, la cual, como virgen inmaculada, debía ser la madre del Redentor. Le dijo que él iba a recibir lo que Adán había perdido por el pecado. Diciendo esto, el ángel le dio un bocado luminoso y le hizo beber, de un recipiente pequeño, un líquido brillante. Después el ángel bendijo con su mano a Abraham de la cabeza hacia abajo; luego del hombro derecho hacia el pecho, y finalmente del izquierdo hacia el mismo sitio, donde se unieron las tres líneas de la bendición. Con ambas manos el ángel dio a Abraham algo luminoso, como una nubecilla: se la puso sobre el pecho. He visto que la nubecilla pasó a su interior, y tuve la certidumbre de que recibía el santo misterio.

El segundo ángel le dijo que él debía entregar este misterio, en la misma forma como lo había recibido, antes de su muerte, al primer hijo que tendría de Sara, y le anunció que Jacob, su nieto, sería padre de doce hijos, que serían los padres de las doce tribus. Añadió que este misterio de bendición le sería quitado a Jacob; y cuando Jacob se hubiese convertido en un pueblo numeroso debía pasar al Arca de la Alianza, como una bendición para todo el pueblo, que debía conservarse mediante la oración. Le mostró, también, cómo a causa de los pecados de los hombres, pasaría este misterio desde el arca a los profetas y, por último, a un hombre, que sería el padre de la Virgen Inmaculada. Supe en esta ocasión que a los paganos se les daría la promesa por medio de seis profetisas, y por el anuncio que harían las estrellas del nacimiento de la salud del mundo de una virgen incorrupta. Abraham tuvo en esta ocasión una visión: vio a esta virgen en lo alto del cielo y a su derecha cernirse un ángel que le tocaba la boca con un ramito. Del manto de la Virgen salía luego la Iglesia.

El tercer ángel anunció a Abraham el nacimiento de Isaac. He visto a Abraham tan contento con el anuncio de la Virgen prometida y con la visión que había tenido, que casi no pensó mucho en Isaac, y creo que más tarde fue la promesa de la futura Virgen lo que le consoló y le hizo fácil el cumplimiento del mandato de Dios de sacrificar a Isaac.

Después de estas cosas vi que Abraham sirvió a los ángeles y vi la risa de Sara. Luego vi cómo guiaba a los ángeles por el camino y cómo rogaba por Sodoma. Cuando Abraham volvió de su éxtasis, condujo a los ángeles bajo el gran árbol y puso una tarima, sobre la cual se sentaron los ángeles, mientras él les lavaba los pies. Luego fue adonde se encontraba Sara para que preparase una comida, la cual trajo ella, cubierta con el velo, hasta la mitad del camino. Después de la refección acompañó Abraham a los ángeles un trecho del camino, y como hablasen del nacimiento del hijo, fue entonces cuando rió Sara, que oyó decir esto porque se había acercado por detrás de la tienda.

He visto muchas palomas, mansas como gallinas, en torno  de la casa. La comida consistió precisamente de palomas, panes redondos y miel. Abraham había tenido, antes de su partida y salida de Caldea, por ministerio de un ángel, conocimiento del misterio de la bendición, pero veladamente, y más como una prenda del cumplimiento de la Promesa de que sería padre de un numeroso pueblo. Ahora le fue renovado, por medio de los ángeles, este misterio o sacramento, y fue instruido mayormente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario