Jacob se fue debilitando
cada vez más y José volvió de nuevo con él. Jacob apoyó sus piernas sobre el suelo
y José le puso la mano sobre la cadera jurándole que le enterraría en Canaán.
Cuando hubo jurado, Jacob bendijo a José. Él sabía que José había recibido la
bendición que le había sido sustraída por el ángel. Permaneció en su cuerpo, aún
después de su muerte, hasta la noche de la salida de Egipto, en la cual Moisés retiró
el misterio con los restos de José, que más tarde colocó en el Arca de la Alianza,
como un sagrado secreto para el pueblo de Israel. Unos tres meses después de la
visita de José, murió Jacob. Después de su muerte, los egipcios e israelitas celebraron
un juicio, según su costumbre, en el cual fue muy alabado y apreciado por todos.
Asenet dio a José
varios hijos: los primeros, Manasés y Efraín, y en total dieciocho hijos, entre
los cuales varios gemelos. Murió tres años antes que José y fue embalsamada por
mujeres judías. Mientras vivió José, permaneció en su monumento. Los ancianos del
pueblo sacaron algo de sus entrañas que conservaron en una figura de oro. Como también
los egipcios trataban de sacar parte del cuerpo, se le confió a las comadres judías
el cuerpo de Asenet y una de ellas lo mantuvo oculto entre los cañaverales del Nilo,
encerrado en una caja bien calafateada. En la noche de la saluda de Egipto, una
comadre, de nombre Sara, de la tribu de Aser, trajo a Moisés este tesoro escondido.
José fue embalsamado después de su muerte por algunos judíos, en presencia de los
egipcios, y se produjo luego la unión de los cuerpos de José y Asenet, según los
dibujos y anotaciones que Asenet había hecho, conforme a sus visiones y que había
dejado a los judíos. También los sacerdotes egipcios y observadores de los
astros, que recibieron a José y Asenet entre los dioses, tenían un conocimiento
de estos dibujos y una idea de la gran importancia de la bendición de José y de
Asenet para el pueblo hebreo. Por esto trataban de pasar a sí mismos esta bendición,
y comenzaron entonces a oprimir a los hebreos.
Después de la muerte de José fueron
muy duramente tratados los hebreos, que se habían multiplicado grandemente, por
el Faraón de Egipto. Sabían los egipcios que ellos no saldrían de Egipto sin los
huesos de José. Por esto robaron varias veces estos restos, y finalmente se apropiaron
de ellos totalmente. El común del pueblo sabía de la existencia del cuerpo de José,
pero ignoraba el misterio allí encerrado; esto lo sabían unos pocos. El pueblo entero
experimentó gran consternación cuando se enteró por los ancianos, que el cuerpo
de José y el misterio sobre el cual descansaban las promesas, les había sido sustraído.
Moisés, que había sido educado en la corte de Faraón en todas las ciencias de los
egipcios, visitaba su pueblo, y así conoció la causa de su tristeza. Cuando más
tarde mató al egipcio y tuvo que huir, fue providencia de Dios que se refugiase
en casa de Jetró: éste, por su amistad con la sibila Ségola, le pudo ayudar a descubrir
el oculto tesoro del misterio. 10
Moisés habíase
casado con Séfora por inspiración de Dios, que quería juntar esta rama dispersa
y unirla a Israel.
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