Asenet
reportó mucho progreso al pueblo egipcio. Hizo introducir útiles animales
domésticos, por ejemplo, vacas. Enseñó la fabricación del queso, la tejeduría y
otras artes desconocidas. Sabía curar muchas enfermedades. José, a su vez,
llevó a Egipto el uso del arado que él mismo sabía guiar y emplear. He visto en
Asenet algo que me causa estupor. Hacía una recolección de toda la carne de los
numerosos sacrificios que se ofrecían, la cocía largo tiempo en grandes
calderas, bajo el cielo abierto, hasta que se formaba una masa líquida, que luego
usaban como alimento cuando marchaban los soldados a la guerra o había carestía
en el país. De esto se alegraban los egipcios y se maravillaban en gran manera.
Cuando José se acercó a Asenet, que estaba junto al sacerdote de los dioses,
quiso Asenet abrazarlo. Esto no era en ella una osadía, sino una especie de
profecía y así lo hizo en presencia del sacerdote. Asenet era tenida como
persona santa y sagrada. Pero he visto que José la detuvo con sus manos
extendidas, diciéndole severas palabras.
La vi entonces retirarse a su tienda
muy conturbada y muy afligida, y hacer penitencia. He visto luego a Asenet en
su cámara; estaba detrás de un cortinado; sus cabellos colgaban largos y finos
rizados en los extremos. Tenía en la cavidad del estómago una figura grabada en
la carne: era como una balanza en forma de corazón. Adentro había un niño con los
brazos abiertos; en una mano tenía una copa o concha y en la otra un vaso o cáliz.
En la concha se veían tres espigas verdes, que salían de la vaina y la figura
de una paloma parecía picar en las uvas del cáliz que estaba en la otra mano
del niño. A Jacob no le era desconocida esta señal; con todo tuvo que alejar a
Asenet para librarla de la ira de sus hermanos. Cuando más tarde fue Jacob a
Egipto, junto a José, y éste le confió todo el secreto, reconoció a Asenet como
a su nieta por esta señal. También José tenía en el pecho la señal de una vid
con muchos racimos.
He visto aparecer un
ángel, vestido de gran fiesta, con una flor de loto en la mano. Saludó a
Asenet; ella lo miró y se cubrió con el velo. El ángel le ordenó que cesara de
llorar y de afligirse, que se vistiera de fiesta y le diese comida. Ella se fue
y volvió más compuesta, trayendo sobre una mesita liviana y baja panecillos al
rescoldo y vino. No estaba cohibida delante del ángel, sino con sencillez y
humildad, como he visto a Abraham y a otros patriarcas en semejantes
apariciones. Cuando el ángel hablaba se despojó del velo. Pidió le diese miel y
ella contestó que no tenía, porque no la comía como otras jóvenes. Entonces el
ángel le dijo que encontraría miel entre los ídolos que estaban en la cámara,
en diversas figuras, con cabezas de animales y colas de serpientes enroscadas
por las piernas. En efecto, encontró allí un panal de miel en forma de hostia. Con
muchas celdillas y lo puso delante del ángel, que le mandó comer del panal. El
ángel bendijo el panal: lo he visto entonces resplandecer y como suspendido entre
ambos. No puedo ahora explicar el significado de esta miel, porque cuando se
ven las cosas así, lo sabe una todo; después le parece a uno miel lo que es
miel, flor lo que es flor, y abejas y panal lo que son tales, sin recordar lo
que ello significa. Recuerdo sólo lo siguiente: Asenet tenía hasta entonces pan
y vino y ninguna miel en sí misma; por medio de esta miel se despojó de los
ídolos y de su culto, y la religión de los israelitas, la salud del Antiguo
Testamento, entró en ella. Significaba también que muchos encontrarían ayuda en
ella y que, como abejas, estarían en tomo de ella. Dijo entonces ella que no
quería ya beber vino, que la miel le era suficiente. He visto en Madián, junto
a Jetró, que se cuidaban muchas abejas, muchos panales. El ángel bendijo el
panal con sus dedos, señalando todas las partes del mundo. Esto significaba que
debía ser madre y conductora de muchos con su sabiduría, con su presencia allí
y con las visiones y revelaciones. Cuando más tarde se la veneró como diosa y
se le ponían tantos senos, era esto una representación falsa de su misma misión
sobre la tierra, que era la de consolar a muchos necesitados. El ángel le dijo
también que debía ser mujer de José, con el cual debía vivir. La bendijo al
modo como hizo Isaac con Jacob y el ángel con Abraham. Las tres líneas de
bendición las pasó el ángel dos veces sobre ella: la primera sobre el corazón y
la segunda sobre su regazo.
Más tarde tuve una representación de cómo se llegó
José a Putifar y pidió a Asenet como esposa. Recuerdo sólo que José traía
entonces una flor de loto en las manos. Él sabía la mucha ciencia de Asenet,
pero ni uno ni otra conocían su parentesco tan cercano. He visto también que el
hijo del Faraón amaba a Asenet y que por esto se tuvo que mantener oculta algún
tiempo. Vi que este hijo de Faraón se había entendido con Dan y Gad para matar
a José y se mantuvieron ocultos para este fin; pero fueron impedidos por Judá
para realizar su intento. Creo que Judá tuvo un aviso del cielo y advirtió a
José que en su viaje pasara por otro camino. Recuerdo que también Benjamín tuvo
mérito en ello y defendió a Asenet. Dan y Gad recibieron un castigo del cielo,
pues se les murieron algunos hijos. Habían sido avisados también por Dios,
antes que nadie conociese su mala intención. José y Asenet llevaban, como era
costumbre en los sacerdotes de los dioses, una señal considerada santa, de su
gran poder, cuando se mostraban ante el pueblo. La llevaban en la mano como un
cetro. La parte superior de esta señal era un anillo y la inferior, una cruz
latina, una T. Servía como sello: cuando se medía trigo y se distribuía, eran
señalados los montones con este sello. Los depósitos de trigo y las obras de
canales y las bajas y subidas del Nilo, eran señaladas con este signo. Las
escrituras eran selladas con él, después que eran rociadas con un líquido rojo
de plantas. Cuando José desempeñaba un oficio de su cargo tenía esta señal,
esta cruz, metida en el anillo, junto a él, sobre un tapete. Me pareció como
una copia del misterio del Arca de la Alianza encerrado aun en José. Asenet
tenía un instrumento como una vara, con el cual estando en visión caminaba, y
cuando se agitaba esta vara en sus manos, golpeaba el suelo y encontraba agua
subterránea y fuentes. Este instrumento estaba hecho bajo la influencia de las
estrellas.
En las salidas de
fiestas viajaban José y Asenet sobre un carro reluciente. Asenet llevaba un
escudo de oro sobre el pecho, el cual, bajo los brazos, cubríale todo el
cuerpo. Sobre este escudo había muchas figuras y señales. El vestido le llegaba
hasta las rodillas. Los zapatos tenían una elevación en la punta, como los
botines de patinaje. La gorra consistía en una especie de yelmo, hecho de pluma
de varios colores, entretejido de perlas. José usaba chaqueta apretada, con mangas
y un escudo de oro, también con figuras; en medio del cuerpo se veían tiras con
nudos de oro; sobre el hombro un manto, y su gorra estaba también compuesta con
plumas con adornos.
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