He
visto flotar el arca sobre las aguas y muchos cadáveres en torno de ella. El
arca se detuvo sobre una alta montaña, al oriente de Siria, abajo; montaña
aislada y muy rocosa. Estuvo mucho tiempo allí.
Veo
que ya aparece tierra, aunque cubierta de lodo y verde moho. Al principio,
después del diluvio, comían conchas y pescados, abundantes por doquiera; más
tarde los he visto comer pan, y aves cuando se multiplicaron. Plantaron y
cultivaron los campos. La tierra era tan fértil después del diluvio que el
trigo que sembraron tenia granos tan grandes como los de maíz; también
sembraron la raíz de la planta Hom, que era mucilaginosa. La tienda de Noé la
he visto, como más tarde la de Abraham, en una llanura, y en torno de ella las
de sus hijos y descendientes.
He
visto la maldición de Cam. Sem y Jafet recibieron de rodillas la bendición de
Noé, de la misma manera que más tarde Abraham daba la bendición a Isaac. La
maldición que Noé pronunció contra Cam, la he visto ir hacia él como una nube
negra y oscurecerle la faz. Ya no era de tez blanca como antes. Su pecado fue
como la profanación de una cosa sagrada, como la de un hombre que intentase
entrar en el Arca de la Alianza. He visto surgir a Cam una descendencia muy
perversa, que se fue pervirtiendo cada vez más, y oscureciéndose su cuerpo. Veo
a los pueblos más atrasados y degradados ser los descendientes de Cam.
No
me es posible expresar como he visto crecer y multiplicarse los pueblos y
oscurecerse de todas las maneras y embrutecerse. Con todo, de en medio de estos
pueblos envilecidos, se esparcía alguna luz de verdad y algún deseo de ser
clarificados.
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