jueves, 8 de enero de 2015

XXXV La lucha con el ángel



He visto la lucha de Jacob con el ángel: fue todo en visión. Él se levantó para rezar. Entonces vino del cielo la aparición de una persona grande y luminosa, y comenzó a luchar con él, como si quisiera sacar fuera de la tienda a Jacob. De este modo lucharon de un lado a otro de la tienda. La aparición hacía como si quisiera echar a Jacob hacia todos los cabos del mundo, mientras Jacob volvía, luchando siempre, al medio de la tienda. Era un presagio de que Jacob sería con su descendencia forzado a ir por todas partes del mundo, pero que no saldría nunca de la tierra prometida. Al punto que Jacob volvía nuevamente al centro de su tienda, tocóle el ángel su cadera. Esto lo he visto en el momento en que Jacob, luchando en este sueño visionario, quiso tenderse en su lecho o que cayó sobre él rendido. Mientras el ángel tocaba su cadera y hacía allí lo que debió hacer, dijo él a Jacob, que aún seguía sujetando al ángel: 'Déjame, pues ya es la aurora". Entonces despertó Jacob de su sopor y de su lucha.

Vio al ángel que estaba delante de él y dijo: “No te dejaré si no me bendices”. Se sentía necesitado de fortaleza y de la bendición de Dios, pues temía aún el encuentro con Esaú. Entonces preguntó el ángel: “­ ¿Cómo te llamas tú?" Esto pertenece ya a la bendición. También Abraham fue llamado Abraham cuando fue bendecido. Respondióle: “-Me llamo Jacob”. Díjole el ángel: “Te llamarás Israel, pues has luchado con Dios y con los hombres y no has sido vencido”. Jacob preguntó: “-¿Cómo te llamas tú?” El ángel contestó: “¿Por qué me preguntas mi nombre?” Esto significa: “¿No me conoces acaso?". Jacob se hincó delante de él y recibió la bendición. El ángel bendijo a Jacob como Dios había bendecido a Abraham y como éste bendijo a Isaac y como Isaac a Jacob, en tres Líneas. Esta bendición tenía relación especial con la paciencia y con la perseverancia en la adversidad. Desapareció el ángel. Jacob vio la aurora y llamó a este lugar Phanuel. Hizo desmantelar su tienda y se reunió con su familia, pasando el río Yabok. Salía el sol entonces y comenzó Jacob a cojear de un lado, pues había sido allí debilitado.

Cuando se separaron Esaú y Jacob, se retiró éste con todos los suyos a Mahanim y se posesionó de la comarca de Sukot hasta la colina de Ainón con sus ganados y sus siervos. Vivió diez años en Ainón. Después se extendió con sus posesiones desde Ainón, hacia el Oriente, hasta más allá del Jordán, hacia Salén, y tuvo sus tiendas hasta donde fue Siquem y compró allí mismo un campo.

He visto cómo Dina paseaba por allí con sus criadas curiosamente y conversaba con los Siquemitas. He visto que Siquem la trataba amigablemente y que volviendo sus criadas a casa, ella se quedó dentro de Siquem. Por este hecho sobrevino luego gran calamidad sobre ella misma y asalto y muerte sobre los Siquemitas. Siquem era entonces una pequeña población hecha de piedras cuadradas y tenía una sola puerta. Abraham, Isaac y Jacob y los Patriarcas eran, en la parte derecha de sus cuerpos, de mayor potencia que en la parte izquierda. No se notaba el hecho exteriormente. Llevaban vestidos amplios, de modo que lo podían ocultar. Había en ellos, en esa parte, una plenitud, como una hinchazón. Era un sagrario, una bendición y un misterio encerrado. Tenía la forma de una habichuela con un germen, y era luminoso. El primogénito lo recibía de su padre y por esto tenía tanta preeminencia. Jacob lo recibió en lugar de Esaú y la madre sabía que estaba destinado para eso. Cuando el ángel, después de su lucha con Jacob, le tocó, perdió éste el germen misterioso de bendición. No le quedó herida alguna; fue como un agotarse aquella plenitud. 

Desde entonces no fue tan fuerte y ni tan seguro de la protección de Dios. Antes era como un hombre fortalecido con un sacramento. Después de haberlo perdido fue, en cambio, más humilde, más cuidadoso y solícito y sufrió mayor necesidad. Sintió Jacob que se le quitaba su bendición de fortaleza, y por eso no quiso dejar al ángel hasta que éste lo bendijera, para fortalecerlo. Después José recibió nuevamente, por medio de un ángel, esta bendición, cuando se encontraba en la cárcel del Faraón de Egipto.

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