He
visto la lucha de Jacob con el ángel: fue todo en visión. Él se levantó para
rezar. Entonces vino del cielo la aparición de una persona grande y luminosa, y
comenzó a luchar con él, como si quisiera sacar fuera de la tienda a Jacob. De
este modo lucharon de un lado a otro de la tienda. La aparición hacía como si
quisiera echar a Jacob hacia todos los cabos del mundo, mientras Jacob volvía,
luchando siempre, al medio de la tienda. Era un presagio de que Jacob sería con
su descendencia forzado a ir por todas partes del mundo, pero que no saldría
nunca de la tierra prometida. Al punto que Jacob volvía nuevamente al centro de
su tienda, tocóle el ángel su cadera. Esto lo he visto en el momento en que
Jacob, luchando en este sueño visionario, quiso tenderse en su lecho o que cayó
sobre él rendido. Mientras el ángel tocaba su cadera y hacía allí lo que debió
hacer, dijo él a Jacob, que aún seguía sujetando al ángel: 'Déjame, pues ya es
la aurora". Entonces despertó Jacob de su sopor y de su lucha.
Vio
al ángel que estaba delante de él y dijo: “No te dejaré si no me bendices”. Se
sentía necesitado de fortaleza y de la bendición de Dios, pues temía aún el
encuentro con Esaú. Entonces preguntó el ángel: “ ¿Cómo te llamas tú?"
Esto pertenece ya a la bendición. También Abraham fue llamado Abraham cuando
fue bendecido. Respondióle: “-Me llamo Jacob”. Díjole el ángel: “Te llamarás
Israel, pues has luchado con Dios y con los hombres y no has sido vencido”.
Jacob preguntó: “-¿Cómo te llamas tú?” El ángel contestó: “¿Por qué me
preguntas mi nombre?” Esto significa: “¿No me conoces acaso?". Jacob se
hincó delante de él y recibió la bendición. El ángel bendijo a Jacob como Dios
había bendecido a Abraham y como éste bendijo a Isaac y como Isaac a Jacob, en
tres Líneas. Esta bendición tenía relación especial con la paciencia y con la
perseverancia en la adversidad. Desapareció el ángel. Jacob vio la aurora y
llamó a este lugar Phanuel. Hizo desmantelar su tienda y se reunió con su
familia, pasando el río Yabok. Salía el sol entonces y comenzó Jacob a cojear
de un lado, pues había sido allí debilitado.
Cuando
se separaron Esaú y Jacob, se retiró éste con todos los suyos a Mahanim y se
posesionó de la comarca de Sukot hasta la colina de Ainón con sus ganados y sus
siervos. Vivió diez años en Ainón. Después se extendió con sus posesiones desde
Ainón, hacia el Oriente, hasta más allá del Jordán, hacia Salén, y tuvo sus
tiendas hasta donde fue Siquem y compró allí mismo un campo.
He
visto cómo Dina paseaba por allí con sus criadas curiosamente y conversaba con
los Siquemitas. He visto que Siquem la trataba amigablemente y que volviendo
sus criadas a casa, ella se quedó dentro de Siquem. Por este hecho sobrevino
luego gran calamidad sobre ella misma y asalto y muerte sobre los Siquemitas.
Siquem era entonces una pequeña población hecha de piedras cuadradas y tenía
una sola puerta. Abraham, Isaac y Jacob y los Patriarcas eran, en la parte
derecha de sus cuerpos, de mayor potencia que en la parte izquierda. No se
notaba el hecho exteriormente. Llevaban vestidos amplios, de modo que lo podían
ocultar. Había en ellos, en esa parte, una plenitud, como una hinchazón. Era un
sagrario, una bendición y un misterio encerrado. Tenía la forma de una
habichuela con un germen, y era luminoso. El primogénito lo recibía de su padre
y por esto tenía tanta preeminencia. Jacob lo recibió en lugar de Esaú y la madre
sabía que estaba destinado para eso. Cuando el ángel, después de su lucha con
Jacob, le tocó, perdió éste el germen misterioso de bendición. No le quedó
herida alguna; fue como un agotarse aquella plenitud.
Desde entonces no fue tan
fuerte y ni tan seguro de la protección de Dios. Antes era como un hombre
fortalecido con un sacramento. Después de haberlo perdido fue, en cambio, más
humilde, más cuidadoso y solícito y sufrió mayor necesidad. Sintió Jacob que se
le quitaba su bendición de fortaleza, y por eso no quiso dejar al ángel hasta
que éste lo bendijera, para fortalecerlo. Después José recibió nuevamente, por
medio de un ángel, esta bendición, cuando se encontraba en la cárcel del Faraón
de Egipto.
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