lunes, 12 de enero de 2015

XVII Hom y sus aberraciones.



Cuando Tubal con sus descendientes se despidió de Noé, vi también al hijo de Mosoc, conservado en el arca, que emigró con ellos. Hom estaba ya bastante crecido. Más tarde lo he visto muy diferente de los demás: grande, parecía un gigante, muy serio y muy singular en su modo de ser. Vestía un largo manto y parecía ser considerado como sacerdote. Se apartaba generalmente de los demás y muchas noches las pasaba solitario en las rocas y en las cavernas de las montañas. Sobre la cumbre de las montañas observaba los astros y ejercía la magia, y por arte diabólico tenía visiones, que él luego ordenaba, escribía y enseñaba. Enturbiando así las puras enseñanzas que habían recibido de Noé. La mala inclinación que había heredado de su madre se había mezclado en él con la pura enseñanza heredada de Henoc y de Noé, que habían sido hasta entonces las creencias de los hijos de Tubal.

Hom introdujo falsas interpretaciones y torcidas explicaciones por medio de sus visiones diabólicas y de sus alucinaciones, a la verdad pura tradicional. Hom escudriñaba y estudiaba el curso de los astros y por arte del diablo veía visiones en figura de verdades, que luego tomaba por tales, por su semejanza. De este modo llevaba a la idolatría y fue el origen de las aberraciones del paganismo. Tubal era un hombre bueno. Las andanzas de Hom y sus enseñanzas le disgustaban mucho y se dolía especialmente que uno de sus hijos, el padre de Dsemschid, fuera partidario de Hom. Yo oía lamentarse a Tubal diciendo: "Mis hijos no son unidos. Ojalá hubiese permanecido junto a Noé".

Hom consiguió dirigir desde la montaña, donde vivían, hacia abajo una corriente de agua en dos brazos, que luego formaron un riachuelo y más adelante un río caudaloso, sobre el cual los he visto más tarde salir de allí, bajo la guía de su jefe Dsemschid, para otra comarca. Hom recibió de sus partidarios una especie de culto, cual si hubiese sido un dios. Entre otros errores enseñó que Dios está en el fuego. Solía mezclar sus errores, sirviéndose del agua y de aquella raíz, que motivó su nombre y de la cual se alimentó, para sus maniobras de magia y curanderismo. Plantaba este vegetal y luego lo repartía como alimento sagrado y como remedio para enfermedades, con tanta solemnidad, que de esto nació una práctica supersticiosa. La savia de esta planta la traía consigo en un recipiente oscuro como un almirez. Las agarraderas estaban hechas de metal. Estos utensilios de metal provenían de otra tribu que vivía en una montaña lejana, que trabajaba con fuego derritiendo metales. Yo veía que de esas montañas salían llamaradas de fuego, y ese recipiente estaba formado allí con los metales derretidos.

Hom no se había casado y no llegó a larga vejez. Contaba muchas historias sobre su propia muerte, en las cuales creía él como más tarde Derketo y sus partidarios.

Lo he visto morir de un modo espantoso. De él nada quedó en el mundo, ya que el diablo se lo llevó consigo. Por esto creyeron sus partidarios que, a semejanza del justo Henoc, había sido arrebatado a un lugar sagrado. El padre de Dsemschid fue instruido por éste y le dejó su espíritu para que continuara su obra y ocupara su lugar como jefe de esta falsa religión.

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