Cuando
Tubal con sus descendientes se despidió de Noé, vi también al hijo de Mosoc,
conservado en el arca, que emigró con ellos. Hom estaba ya bastante crecido.
Más tarde lo he visto muy diferente de los demás: grande, parecía un gigante,
muy serio y muy singular en su modo de ser. Vestía un largo manto y parecía ser
considerado como sacerdote. Se apartaba generalmente de los demás y muchas
noches las pasaba solitario en las rocas y en las cavernas de las montañas.
Sobre la cumbre de las montañas observaba los astros y ejercía la magia, y por
arte diabólico tenía visiones, que él luego ordenaba, escribía y enseñaba. Enturbiando
así las puras enseñanzas que habían recibido de Noé. La mala inclinación que
había heredado de su madre se había mezclado en él con la pura enseñanza
heredada de Henoc y de Noé, que habían sido hasta entonces las creencias de los
hijos de Tubal.
Hom
introdujo falsas interpretaciones y torcidas explicaciones por medio de sus
visiones diabólicas y de sus alucinaciones, a la verdad pura tradicional. Hom
escudriñaba y estudiaba el curso de los astros y por arte del diablo veía
visiones en figura de verdades, que luego tomaba por tales, por su semejanza.
De este modo llevaba a la idolatría y fue el origen de las aberraciones del
paganismo. Tubal era un hombre bueno. Las andanzas de Hom y sus enseñanzas le
disgustaban mucho y se dolía especialmente que uno de sus hijos, el padre de
Dsemschid, fuera partidario de Hom. Yo oía lamentarse a Tubal diciendo:
"Mis hijos no son unidos. Ojalá hubiese permanecido junto a Noé".
Hom
consiguió dirigir desde la montaña, donde vivían, hacia abajo una corriente de
agua en dos brazos, que luego formaron un riachuelo y más adelante un río
caudaloso, sobre el cual los he visto más tarde salir de allí, bajo la guía de
su jefe Dsemschid, para otra comarca. Hom recibió de sus partidarios una
especie de culto, cual si hubiese sido un dios. Entre otros errores enseñó que
Dios está en el fuego. Solía mezclar sus errores, sirviéndose del agua y de
aquella raíz, que motivó su nombre y de la cual se alimentó, para sus maniobras
de magia y curanderismo. Plantaba este vegetal y luego lo repartía como
alimento sagrado y como remedio para enfermedades, con tanta solemnidad, que de
esto nació una práctica supersticiosa. La savia de esta planta la traía consigo
en un recipiente oscuro como un almirez. Las agarraderas estaban hechas de
metal. Estos utensilios de metal provenían de otra tribu que vivía en una
montaña lejana, que trabajaba con fuego derritiendo metales. Yo veía que de
esas montañas salían llamaradas de fuego, y ese recipiente estaba formado allí
con los metales derretidos.
Hom
no se había casado y no llegó a larga vejez. Contaba muchas historias sobre su
propia muerte, en las cuales creía él como más tarde Derketo y sus partidarios.
Lo
he visto morir de un modo espantoso. De él nada quedó en el mundo, ya que el
diablo se lo llevó consigo. Por esto creyeron sus partidarios que, a semejanza
del justo Henoc, había sido arrebatado a un lugar sagrado. El padre de
Dsemschid fue instruido por éste y le dejó su espíritu para que continuara su
obra y ocupara su lugar como jefe de esta falsa religión.
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