Yo veo este sacramento o misterio en forma de involucro, como una
capacidad, un ser, una fuerza. Era pan y vino, carne y sangre: era el germen de
la bendición y descendencia, antes del pecado; era la existencia sacramental de
la descendencia, antes del pecado, que fue guardando para los hombres en la
religión y que debía hacer cada vez más pura, por la virtud, esta descendencia,
hasta llegar a María, en la que debía completarse, para darnos, por obra del
Espíritu Santo, el tan esperado Mesías nacido de esta pura Virgen.
Noé plantó la viña y esto fue ya una preparación: aquí había ya algo de reconciliación y de protección. Abraham recibió este misterio en la
bendición, y he visto que trasmitió este sacramento como una cosa real, como
algo substancial. Quedó como un secreto de familia. Por esto se explican las
grandes prerrogativas que traía el derecho de la primogenitura. Antes de la salida de Egipto, recibió Moisés este misterio y
como antes había sido un secreto de familia y de religión, así pasó a ser
misterio de todo el pueblo. Entró en el Arca de la Alianza como el Santo
Sacramento del Altar en el tabernáculo, como en la custodia.
Cuando los hijos de Israel adoraron el
becerro de oro y cayeron en grande aberración, Moisés mismo dudó del poder del
sacramento, y por eso fue castigado con no poder entrar en la tierra prometida.
Cuando el Arca de la Alianza caía en manos de los enemigos o en cualquier otro
peligro, era sacado el sacramento por el sacerdote y con todo era tan santa el
arca que los enemigos se veían obligados a devolverla por los castigos que
recibían. Sólo pocos conocían la existencia de este misterio en el arca y su
fuerza de expansión benéfica. A menudo sucedía que un hombre manchaba por el
pecado y la impureza la línea sagrada de la descendencia hasta el Mesías, y así
la unión del Salvador con el hombre era retardada; pero los hombres podían por
la penitencia renovar y purificar este sagrado misterio. No puedo decir con
precisión si por el contenido de este sacramento se efectuaba, por una especie
de consagración, un fundamento divino o una plenitud sobrenatural en los
sacerdotes, o si venia todo enteramente de Dios inmediatamente.
Creo lo primero; porque he visto que algunos sacerdotes lo despreciaron e
impidieron la venida de la salud y fueron por ello castigados hasta con la
muerte. Cuando el sacramento obraba y la oración era oída, resplandecía el
misterio, crecía y brillaba con luz rojiza a través de su envoltura. Esta
bendición del misterio aumentaba o disminuía según los tiempos y la piedad y la
pureza de los hombres. Mediante la oración, el sacrificio y la penitencia,
parecía que crecía y aumentaba en fuerza. Delante del pueblo lo he visto usar
solamente por Moisés, cuando la adoración del becerro de oro y en el paso del
Mar Rojo, aunque lo tuvo velado, cubierto a las miradas de los hombres. Fue
sacado por él del vaso sagrado y cubierto, como se saca en viernes Santo el
Santísimo Sacramento y es llevado delante del pecho para bendecir o conjurar,
como si obrase a la distancia. De este modo Moisés libró a muchos de la
idolatría y la muerte. He visto que el Sumo Sacerdote, cuando estaba solo en el
santuario, lo usaba, moviéndolo de un lado a otro, como una fuerza, una
protección o una bendición, una elevación para bendecir o para castigar. No lo
tomaba con las manos, sino con un velo. Para fines santos he visto usarlo sumergiéndolo en el agua, que quedaba
bendita y se daba a beber. La profetisa Dévora, como luego Ana, la madre de Samuel,
en Siló, como también más tarde Emerencia.
Emerencia, madre de Santa Ana, bebieron de esta agua sagrada. Por la bebida de esta agua
sagrada fue preparada Emerencia
para engendrar santamente a Ana. Santa Ana no bebió de esta agua, porque la bendición estaba en ella.
Joaquín recibió, por ministerio de un ángel, el sacramento del Arca de la
Alianza. De este modo fue concebida María, bajo la puerta dorada del templo, y
con su nacimiento pasó a ser ella misma el arca del misterio. El objeto de este
sacramento estuvo cumplido. El arca de madera del templo quedaba ya sin
sacramento y sin misterio. Cuando Joaquín y Ana se encontraron bajo la puerta
de oro del templo, se llenaron de luz y la inmaculada Virgen fue concebida sin
pecado original. Había en torno a ella un sonido maravilloso, como una voz de
Dios. Este misterio de la Inmaculada Concepción de María, en Santa Ana, no
pueden los hombres comprenderlo y permanece escondido a su entendimiento. La línea de generación de Jesús había
recibido el germen de la bendición de la Encarnación del Verbo. Jesucristo
instituyó el Sacramento de la Nueva Alianza como el fruto, como el cumplimiento de ella, para unir de nuevo a los hombres con Dios.
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