Los sabios modernos que
escriben sobre Egipto están en un gran error, porque tienen por historia,
experiencia y ciencia egipcias muchas cosas que descansan sólo en falsas
visiones y en sueños astrológicos. Esto está claro, puesto que los egipcios
permanecieron siendo un pueblo tan ignorante y de vida tan bestial, como lo
fueron en efecto. Los sabios tienen a estas influencias diabólicas por cosas
imposibles; las desechan, y como no pueden explicar ciertos misterios del
Egipto no admitiendo los influjos demoníacos, se ven forzados a atribuir a los
egipcios una gran antigüedad, puesto que tenían ciertos conocimientos y
cálculos misteriosos inexplicables.
Yo misma he visto que, ya en
los tiempos de Semíramis, en Menfis, estos sacerdotes tenían desde entonces
grandes pretensiones respecto de la antigüedad, y hacían toda clase de
embrollos en los cálculos de sus reyes. Pretendían siempre aparecer como el
pueblo más antiguo y confeccionaban cálculos y dinastías de reyes equivocados.
Así llegaron a colocarse completamente fuera de toda cronología. Como repetidas
veces cambiaban y corregían sus cálculos interesados, al final ya no supieron
cuál era la verdadera cronología de su país. Como, además, solían perpetuar sus
fechas equivocadas con grandes edificios y largas inscripciones, la confusión
se hizo total e irremediable. He visto que contaban el tiempo de los
antepasados y de los descendientes, de tal modo que si el día de la muerte del
padre fuera el del nacimiento del hijo. Los reyes siempre discutían con los
sacerdotes sobre estos cálculos e interponían entre sus antepasados a personas
que ni siquiera habían existido. He visto que los cuatro reyes o faraones que
reinaron al mismo tiempo en Tebas, Heliópolis, Menfis y Saís, los calculaban
como si hubiesen reinado uno después de otro. He visto también cómo, en
ocasiones, contaban un año por 970 días, meses por años, y viceversa. Me fue
mostrado como un sacerdote, que hacía cuentas, le salían siempre 1100 años
donde en realidad no había más que 500.
Todas estas cuentas falsas me
fueron mostradas en ocasión en que Jesús, en Aruma, hacía la instrucción del
Sábado y hablaba a los fariseos de la vocación de Abraham y de su estadía en
Egipto: les hizo ver la falsedad de los cálculos exagerados de los sacerdotes
egipcios. Jesús les dijo a los fariseos que el mundo tenía entonces 4028 años
de existencia. Cuando oí decir esto a Jesús estaba Él mismo en el trigésimo
primero de su edad.
En esta misma oportunidad he
visto que mucha gente iba en peregrinación al supuesto sepulcro de Set, a quien
tenían por dios y cuyo sepulcro creían que estaba en Arabia. Estos viajes eran
muy peligrosos y largos. Me parece que aún hoy viven algunas de estas gentes,
que atraviesan ahora por territorio turco, y se les permite pasar precisamente
porque se dirigen a ese sepulcro sagrado.
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